11. Playa adormecida

—¿Entonces, a dónde vamos? —le pregunté mientras entrábamos a la autopista.

—Mmm... no lo he pensado. No sé, tú elige. Es tu día libre —me sonrió, luego tomó mi mano y besó mis nudillos.

—Creo que trabajo demasiado. Ya ni siquiera sé qué hace la gente para divertirse —le fruncí el ceño, lo que hiz...

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