34. Epílogo

Cinco años después

Él gimió, tomando mi mano y llevándola a su entrepierna, haciéndome sentir su dureza.

¡Maldito!

—Hazlo rápido. Te necesito, Addie. Te necesito a cuatro patas y que me tomes duro y rápido —gruñó mientras yo gemía. Ya estaba tan mojada.

—Sé que ya estás mojada para mí, Adriana, ...

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