23. Querida hermanastra II

El siguiente kilómetro pasó en un silencio sofocante, excepto por el bajo que retumbaba bajo desde los altavoces delanteros y el crujido ocasional de la grava bajo las llantas.

Ivy intentó quedarse perfectamente quieta, pero cada balanceo del auto hacía que su trasero se frotara en lentos y desespe...

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