28. Querida hermanastra VII

La risa de Kai era áspera y llena de travesura mientras su mano se deslizaba bajo su camiseta, agarrando su pecho desnudo con rudeza.

—Patético es que te pongas así cada vez.

Le pellizcó el pezón con fuerza, haciéndola jadear, y luego empujó su saco de dormir hacia abajo.

En un movimiento brusco,...

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