38. Mis primos gemelos III

Al día siguiente, Elena se despertó adolorida en todos los lugares correctos.

Sus pechos se sentían pesados, sus pezones sensibles y aún hormigueando por el sueño que había tenido.

Entre sus piernas, estaba pegajosa, sus muslos internos resbaladizos con semen seco y sus propios jugos. Se sentó len...

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