Libro uno: Capítulo 36

Stefan gritó, con el dolor y el placer mezclándose en algo que le hacía temblar todo el cuerpo.

—¿Te gusta eso? —preguntó Soren, con la voz oscura y satisfecha—. ¿Te gusta que te azoten las pelotas con un látigo?

—Sí —sollozó Stefan, ya incapaz de negarlo—. Sí, me encanta. Por favor… más.

Soren s...

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