Capítulo 12

El tono de Dahlia llevaba la nota justa de simpatía, pero las comisuras de sus ojos se elevaban apenas un poco.

—Ahora que estás en casa, ponte cómoda. No seas tímida.

Ponte cómoda.

Las palabras le salieron con tanta naturalidad.

Lucinda la miró un instante, no dijo nada y levantó el filete con ...

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