Capítulo 135

—Por cierto.

La boca de Lucinda se curvó de pronto, apenas. —Cuando le agarré la muñeca hace rato, le rompí dos dedos.

A Gaia se le abrieron los ojos. Se le quedó la boca entreabierta. No pudo cerrarla durante un buen rato. —¿De verdad?

—Sí. El meñique y el anular. Los huesos están dislocados. No...

Inicia sesión y continúa leyendo