Capítulo 46

Reginald abrió la puerta del auto, con los labios curvándose hacia arriba.

—Vamos. Te llevo a casa.

Lucinda miró su sombra, estirada por el sol del atardecer, y permaneció en silencio un momento.

Ese lugar era demasiado remoto. La última vez que había ido, pasó media hora en una app de transporte...

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