Capítulo 80

La sala volvió a quedar en silencio, salvo por el llanto contenido de Gaia y los jadeos entrecortados de Qiana.

Fragmentos de porcelana cubrían el piso. Manchas de sangre rojo oscuro salpicaban la pared. La navaja automática yacía en un rincón, con la hoja reflejando un brillo helado.

Lucinda miró...

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