XXV

No tuvo tiempo de retroceder cuando mi puño aterrizó en su cara. Su cabeza giró hacia la izquierda con fuerza, y se rió. Había sangre saliendo de sus labios, y no me importaba. Se lo merecía. Muy merecido.

—Ah, aparentemente, no has terminado con tu enojo. Me arrepentiré aún más de no haberte traíd...

Inicia sesión y continúa leyendo