Capítulo 34

Mi boca tenía un sabor agrio y desagradable. El duro sol de la mañana se filtraba a través de una ventana. Tenía calor y la cabeza me latía.

¿Morí de nuevo?

La habitación giró hasta estabilizarse. No. Estaba en mi cama en el palacio, vistiendo una bata de seda. Traté de recordar qué llevaba puesto...

Inicia sesión y continúa leyendo