Primera vez

—¿Dolerá? —pregunté con franqueza.

—¡Terriblemente! —respondió Cleta con una sonrisa apenas contenida.

—¡No la alimentes con mentiras! —la regañó Gaia.

Gaia estaba sentada en el borde de la cama de Cleta, mientras Cleta hurgaba en sus abundantes cajones de ropa, sacando prendas interiores que ins...

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