Capítulo 37 Un juego de legos.

El auto negro se detuvo frente a la mansión de Luis. El sol de la tarde teñía la fachada de un tono dorado. Lina se bajó del copiloto, sintiendo que las piernas le temblaban un poco. No sabía si era por la adrenalina del día o por la cercanía de Ignacio. Él también se bajó, y abrió la puerta trasera...

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