Capítulo 38 La verdad bajo la mesa.

Tiago seguía dormido en el regazo de Ignacio. Su respiración era tranquila, acompasada, como si en ese instante no existiera ningún dolor, ninguna enfermedad, ninguna tristeza. Su carita, relajada, tenía ese rubor inocente de los niños cuando duermen profundamente. Y sus manitas, pequeñas y cálidas,...

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