Capítulo 6 Entre la culpa y el deseo
Al día siguiente, Elena se despierta por la vibración de su celular. Al tomarlo, ve que tiene un mensaje de Lucas, recordándole la cita que tenían en su casa.
«No olvides que tenemos una cita. Te estaré esperando. Y si no vienes, iré yo a tu casa.»
Elena se queda mirando la pantalla, nerviosa, como si estuviera conteniendo la respiración. Finalmente, suelta un profundo suspiro.
Sabía que, justo al otro lado de la puerta, en la habitación contigua, estaba su hijo durmiendo.
Por un momento, Elena se queda pensativa.
¿Qué estoy haciendo?
Lucas era el mejor amigo de su hijo.
Tenía que ir a verlo y decirle que aquello no podía continuar. Lo que había pasado entre ellos había sido una locura, un momento de debilidad provocado por el dolor y la traición que había sufrido al descubrir a su esposo con su propia hermana.
Se levanta de la cama y camina hasta el espejo.
Se queda frente a él y se mira de pies a cabeza.
Pero, en lugar de pensar en lo que debía hacer, su mente vuelve a Lucas.
Su rostro.
Sus ojos verdes, de un intenso color esmeralda, que parecían entrar como flechas cada vez que la miraba.
Su cuerpo perfecto, joven y masculino.
Elena cierra los ojos por un instante, intentando apartar aquellos recuerdos de su mente.
En ese momento, su hijo toca la puerta.
Elena sale de su trance y vuelve en sí. Se acomoda rápidamente la pijama y abre.
—Mamá, me voy.
—¿Tan temprano? —pregunta Elena.
—Sí. Mi papá me llamó. Necesita hablar conmigo.
Adrián observa a su madre durante unos segundos. Nota que está un poco ida, como si estuviera pensando en otra cosa.
—Mamá, ¿estás bien?
Elena intenta disimular lo que siente y le responde con una pequeña sonrisa.
—Sí, hijo. Ve tranquilo.
Adrián la mira unos segundos más, todavía preocupado, pero finalmente asiente.
—Está bien.
Sale de la casa y se dirige hacia su automóvil de lujo. Mientras conduce hacia la oficina donde trabaja su padre, no puede evitar pensar en su madre. Algo en ella le había parecido extraño esa mañana.
Mientras tanto, Roberto se encontraba en su oficina, ubicada en el piso once de la empresa.
Estaba sentado detrás de su escritorio, pero no podía concentrarse en su trabajo.
No dejaba de pensar en el rostro de tristeza de Elena cuando la vio aquel día.
La imagen de ella al encontrarlo en su sofá con Sofía, su propia hermana, volvía una y otra vez a su mente.
Roberto sabía que había cometido un terrible error.
No podía dejar ir a Elena.
Ella había sido un pilar fundamental en su vida y también en su negocio. Había estado a su lado cuando comenzó a construir su empresa y lo había ayudado a llegar hasta donde estaba.
Ahora, después de su traición, podía perderla.
Y esta vez podía perderla de verdad.
Tomó su celular y volvió a mirar la pantalla. Elena no respondía sus llamadas, Tampoco contestaba sus mensajes.
Por primera vez, Roberto comenzó a sentir miedo de que ella realmente pudiera alejarse de él.
Había tomado una decisión.
Tenía que terminar su relación con Sofía.
No podía seguir destruyendo su matrimonio.
No podía seguir arriesgándose a perder a Elena por aquella relación.
Y ahora solo quedaba una cosa: intentar recuperar su confianza.
Por eso, cuando Adrián llegó a la oficina, Roberto decidió pedirle ayuda, necesitaba a su hijo.
Necesitaba que Adrián lo ayudara a recuperar la confianza de su madre y, sobre todo, a encontrar una manera de que Elena pudiera volver a creer en él.
Elena observó cómo su hijo salía de la casa. Se quedó unos segundos junto a la puerta, viéndolo alejarse, hasta que el sonido de su celular volvió a llamar su atención.
Su corazón comenzó a latir con fuerza, por un instante pensó que era Lucas otra vez.
Se acercó lentamente al celular y lo tomó con una mano ligeramente temblorosa. Al mirar la pantalla, sintió que toda la tensión que llevaba encima se convertía en rabia.
No era Lucas, era Sofía. Su hermana, la misma mujer que la había traicionado con su esposo.
Elena no podía creer que su propia hermana hubiera sido capaz de hacerle algo así. No se trataba de una desconocida, sino de la persona que alguna vez había considerado parte de ella.
Sintió un dolor profundo y desgarrador.
Sin pensarlo demasiado, rechazó la llamada y bloqueó el número.
No quería hablar con Sofía;Mucho menos quería verla, arrojó el celular sobre la cama y entró al baño. Necesitaba ir a ver a Lucas.
Necesitaba hablar con él sobre todo lo que había ocurrido entre ellos. Tenía que dejarle claro que aquello no podía continuar.
No podía seguir encontrándose con él a escondidas. Pensó en su hijo.
¿Qué pasaría si algún día llegaba a enterarse?
La decepción de Adrián sería insoportable.
Elena se quedó unos minutos en el baño, intentando ordenar sus pensamientos. Sabía lo que debía hacer, aunque una parte de ella no quería aceptarlo.
Finalmente, salió,en ese momento, su celular volvió a sonar.
Elena pensó que era Sofía otra vez.
Se acercó a la cama con cierta molestia y tomó el teléfono.
Pero al mirar la pantalla, su expresión cambió. Era Lucas, su corazón volvió a acelerarse.
Abrió el mensaje.
«Te estoy esperando. No te demores. Te extraño. Tengo una gran sorpresa para ti.»
Elena leyó el mensaje dos veces.
Sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Intentó borrarla inmediatamente.
No podía sonreír.
No después de todo lo que estaba pasando.
Ella quería alejarse de Lucas. Sabía que debía hacerlo. Sabía que aquello era una locura y que podía terminar lastimando a muchas personas, especialmente a su hijo.
Pero, en el fondo de su corazón, había algo que Elena todavía no quería reconocer.
Algo que se estaba haciendo cada vez más difícil de ignorar.
Estaba empezando a sentir algo por Lucas.
Y aunque su corazón comenzaba a descubrirlo, Elena se negaba a aceptarlo.
Mucho menos estaba dispuesta a admitirlo ante sí misma.
Elena comenzó a arreglarse para salir a ver a Lucas.
Sin darse cuenta, eligió un vestido negro que se ajustaba a su cuerpo, con una abertura en la pierna y un escote en V que resaltaba su figura y le daba un aire sensual.
Se soltó el cabello negro, que cayó suavemente sobre sus hombros. Después se maquilló de manera sutil, aunque puso especial atención en sus labios carnosos, dándoles un toque intenso y provocativo.
Antes de salir, se aplicó una colonia dulce y suave.
Elena se miró una última vez frente al espejo.
No sabía por qué se había arreglado de aquella manera.
Quizás quería verse bien.
Quizás, en el fondo, quería que Lucas la mirara.
Pero no quiso detenerse a pensar demasiado en ello.
Tomó sus cosas, salió de la casa y subió a su automóvil.
Puso el motor en marcha y se dirigió hacia el apartamento de Lucas.
Mientras conducía, intentaba convencerse de que solo iba a hablar con él. Necesitaba aclarar lo que había ocurrido entre ellos y decirle que aquello no podía continuar.
Sin embargo, cada vez que pensaba en Lucas, su corazón parecía traicionarla.
Mientras tanto, en la oficina, Roberto permanecía conversando con su hijo, Adrián.
La conversación había terminado girando nuevamente alrededor de Elena.
—La vi triste esta mañana —dijo Adrián, preocupado—. No sé qué le pasa a mamá. Intenté preguntarle, pero me dijo que estaba bien.
Roberto guardó silencio.
Sabía perfectamente cuál era la razón de la tristeza de Elena.
Pero no podía mirar a su hijo a los ojos y decirle que había engañado a su madre con Sofía, su propia hermana.
No sabía cómo contarle todo lo que había sucedido.
Ni siquiera sabía por dónde empezar.
Adrián lo observó con atención.
—Papá, ¿qué está pasando con mamá?
Roberto bajó la mirada.
Por primera vez, sintió el peso de todo lo que había hecho.
Había lastimado a la mujer que había estado a su lado durante tantos años y ahora también tendría que enfrentar las consecuencias frente a su propio hijo.
Pero todavía no encontraba el valor para decirle la verdad.
