Capítulo 52

Odio que todavía pueda oler su perfume—la chica de la fiesta. La que se aferraba a su brazo como si fuera su salvavidas, sus risitas cortando el ruido cada vez que lo miraba. Mi estómago se revuelve al recordarlo, y no puedo evitar imaginarla bailando con él, presionándose contra él. Dios, lo odio. ...

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