Capítulo 1 El Fin
Callum.-
El peso de la pequeña caja de terciopelo que se encuentra en mi bolsillo se siente como un ancla, pero, de la manera más hermosa posible.
Esta noche mi vida cambiará.
Llevaba meses planeándolo todo.
La suite presidencial del hotel The Grand Astor, un camino de pétalos de rosa blanca (su favorita), un violonchelista esperando en el lobby y el más perfecto anillo de diamantes hecho a la medida, exclusivamente para ella.
— Señor Astor, todo está listo –me informa el recepcionista, inclinando la cabeza con el respeto que infundía el apellido de mi padre.
Un apellido que yo estaba expandiendo por todo el continente.
— Gracias, que nadie se acerque a ese piso en toda la noche –ordené con la voz firme, aunque mi corazón martilleaba con mucha ansiedad.
Subí por el ascensor privado, mis manos temblaban ligeramente. Cuando las puertas se abrieron, la oscuridad de la suite me recibió.
Un aroma a jazmín y rosas inundaba el aire, todo estaba en silencio… un silencio extrañamente denso.
— ¿Habrá llegado ya? –pensé, sonriendo internamente, su hermana me había asegurado mediante un mensaje que Luna venía en camino, emocionada por la “cena sorpresa” que le había organizado.
Caminé por el pasillo hacia la habitación principal, la puerta estaba entreabierta y una rendija filtraba la luz desde el interior y con ella un sonido que no solo congeló mis pasos también la sangre.
Un gemido ahogado, ronco y masculino seguido de un murmullo proveniente de una voz que reconocería a kilómetros de distancia.
El aire se volvió ácido en mis pulmones, empujé la puerta lentamente por primera vez rezándole a un Dios en el que no creía que aquello fuera una maldita alucinación de mi mente.
Pero, la realidad me golpeó con la fuerza de un tren bala.
La ropa de Luna estaba esparcida por el suelo incluyendo su ropa interior y el centro de la cama, su silueta desnuda.
Sus ojos estaban entornados, sus mejillas encendidas, su cabello negro alborotado sobre la almohada.
Luna Crawford, mi luna… había estado enamorado de ella desde que éramos unos niños corriendo por los jardines de nuestras casas ahora se encontraba acompañada cubierto apenas por una sábana a la altura de la cintura por Gabriel Astor.
Mi padre.
No había sorpresa en sus ojos, solo una satisfacción oscura que me revolvió el estómago.
— Callum, hijo –la voz de mi padre resonó profunda y sin una pizca de culpa–. Llegas tarde a la fiesta.
Mi corazón se rompió en mil pedazos, el amor que llegué a sentir hace unos segundos comenzaban a convertirse en odio puro.
— ¿Qué? ¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Por qué?
Miré a Luna, la mujer por la que habría dado mi vida, la mujer a la que gustaba enseñar, solo por el amor a sus niños y educar.
Ella parpadeó, como si estuviera despertando de un trance, tal vez pensando que nunca la descubriría finalmente sus ojos se enfocaron en mí y el pánico se reflejó en su rostro. Trató de cubrirse con las sábanas, balbuceando mi nombre, pero ya era tarde.
— Callum, no… no es lo que piensas…yo… –su voz temblaba, pero sus lágrimas ya no me provocaban compasión, solo asco.
— Espero que haya valido la pena, Luna –escupí las palabras con veneno puro, carentes de cualquier rastro del Callum que ella conocía –Puedes quedarte con ella padre, al fin y al cabo siempre te ha gustado quedarte con las sobras.
La miré fijamente, dejando que toda la ferocidad y la oscuridad de mi linaje se reflejaran en mis ojos.
Desde el momento en que me di la vuelta, juré que me las iba a pagar y cada lágrima que de ahora en adelante ruede por su mejilla será por mi culpa.
Porque la voy a hacer vivir un infierno.
Me había enamorado de ella por su alma viendo el mundo con una pureza que a mí un hombre criado en el frío y despiadado mundo de los negocios y la ambición me devolvía a la vida. Me había enamorado con su risa limpia y genuina.
Nada fue real.
Y mi padre… nunca pensé que llegaría a poner sus ojos en la mujer de su propio hijo, una cosa es competir en los negocios, pero esto… iba mucho más allá y a él tampoco le tendré ninguna consideración a partir de hoy me encargaré de reclamar todo lo que mi madre me dejó voy a hundirlo como él me acaba de hundir.
Y el golpe va a ser sorpresivo, pero lento y doloroso.
El hombre enamorado y romántico ha desaparecido para darle paso a una bestia sedienta de sangre y venganza.
