Capítulo 5 Madrastra

Callum.-

La marcha nupcial sonaba como una burla grotesca. Me encontraba de pie justo detrás del altar al lado de Bárbara, quien se aferraba a mi brazo como una garrapata sedienta.

Y entonces apareció ella.

Luna caminaba por el pasillo del brazo de su padre. El vestido blanco creaba una ilusión de que seguía siendo una criatura con un alma pura, pero yo sabía la verdad detrás de ese velo se ocultaba un rostro traicionero y malvado, la mujer que sin piedad me había destrozado.

Cuando llegó al altar, Gabriel la recibió con una sonrisa de absoluta posesión le dio un beso en la mano, un gesto caballeroso que me hizo apretar los puños con tanta fuerza que mis uñas se clavaron en las palmas de mis manos haciéndome sangrar.

Durante toda la ceremonia, mantuve mi mirada clavada en la nuca de Luna, podía notar la tensión en sus hombros. Sabía que sentía mi presencia detrás de ella.

—  Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia –anunció el sacerdote.

Gabriel levantó el velo de Luna, vi su perfil estaba pálida y sus labios temblaban.

—  Hipócrita –susurré.

Mi padre se inclinó y la besó en los labios. Fue un beso posesivo y público que sellaba mi condena y la de ella.

Luna me miró por encima del hombro de mi padre, con los ojos empañados en lágrimas.

Yo solo le dediqué una sonrisa fría, despiadada, llena de la promesa de la destrucción que se avecinaba.

—  Vamos a felicitar a los esposos, Callum –Mi mirada fría y furiosa borró la sonrisa de Bárbara –iré por ambos.

(…)

Durante la recepción no dejé de mirar a Luna.

—  Deja de beber tanto –Brooks intervino –estás como olla de presión a punto de explotar.

Lo ignoré por completo, hasta que vi que mi momento había llegado. Luna se retiró del salón sin dudarlo me fui detrás de ella.

La tomé por el brazo con firmeza, empujándola hacia el interior del despacho que estaba oscuro y cerrando la puerta con seguro.

—  ¡Callum! –ahogó un grito y su espalda impactó suavemente contra la madera.

Estábamos tan cerca que podía oler su perfume de jazmín, el mismo que me volvía loco. Mi cuerpo reaccionó a su cercanía, puse ambas manos a los lados de su cabeza, atrapándola y acorralándola con mi peso.

—  ¿Disfrutas de la boda? ¿Y de los besos de tu esposo? –susurré, mi voz se arrastró cerca de su oído haciéndola temblar–. ¿O extrañas como se sentían los míos sobre los tuyos?

—  Callum… por favor… detente –gimió intentando apartarme, pero la fricción de sus manos contra mi pecho solo aumentó la temperatura entre los dos.

—  Eres una oportunista –siseé bajando una de mis manos hacia su cuello, acariciando la delicada piel con odio y pasión reprimida –mírate estás temblando.

Me incliné rozando mis labios contra su mandíbula, sin llegar a besarla, torturándola con mi cercanía.

Luna soltó un jadeo ahogado, sus dedos se enredaron inconscientemente en mi cabello por un segundo antes de recordar donde estábamos.

—  Déjame ir, ahora eres el prometido de mi hermana –suplicó aunque sus ojos oscuros devoraban mi rostro con las misma desesperación y pasión que yo sentía–. ¿Cómo pudiste elegirla a ella?

—  ¿Cómo tú elegiste a mi padre? –rugí lleno de ira–. ¿Por qué  no habría de jugar tú mismo juego?   Tal vez Bárbara sea más fiel y esto es solo el comienzo, madrastra.

Le aseguré alejándome un paso, dejándola sin aliento en la oscuridad.

—  Ya debes saberlo, Bárbara y yo nos mudaremos aquí, voy a estar en cada rincón, observándote y recordándote lo que perdiste, obligándote a mirarme con vergüenza por tu traición. Bienvenida al infierno de los Astor.

—  Si tan solo me dejarás explicarte.

—  ¿Explicar qué? tu cuerpo lleno marcas de los labios de mi padre, no insistas en explicar lo que no tiene explicación o mejor dicho lo que tiene una explicación de sobra, esa imagen nunca se va a borrar de mi mente, Luna.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, una de las cosas que más odiaba era verla llorar sobre todo por la enfermedad de su madre.

Ahora disfruto su dolor y su desesperación al no poder mirarme a los ojos.

—  Me conociste por las buenas, Luna.

—  Sé que en el fondo me sigues amando, tal vez juntos podemos buscar una explicación de lo que pasó.

—  No, ahora eres la esposa de mi padre, pudiste irte lejos con dignidad tenías la ayuda de Rosalie, pero lo elegiste a él.

—  No es así…

—  ¡No me mientas más! –Alcé la mano deteniéndome en el último segundo muy cerca de su rostro–. Ya no te creo nada, te entregaste a él en la misma cama donde nos entregamos por primera vez para mí fue más que suficiente.

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