Capítulo 4 La primera reunión

Drago:

Ya llevamos aquí unos ocho días. Los demás y yo hemos estado bastante al tanto de todo gracias a los mensajes de Natalia.

Parece que se está llevando bien con Ria. De hecho, hoy vienen para una parrillada. La casa que estamos rentando tiene una excelente zona exterior: incluye alberca, una terraza cubierta que rodea la casa y una cocina al aire libre muy bien equipada.

El clima sigue agradable, apenas es principios de septiembre. Todos somos una mezcla de emoción e inquietud. Van a llegar en cualquier momento, y los cuatro estamos con los nervios de punta.

Natalia nos ha compartido información y nos ha asegurado que ha hablado de nosotros con Ria muchas veces.

De hecho, Natalia dijo que estaba segura de que si ellas no se conocieran ya y no hubieran desarrollado cierta confianza, no habría manera de que Ria se acercara a nosotros.

Así que Cole hizo una sugerencia estupenda: incluir a Natalia. Eso hará las cosas más fáciles.

Hay movimiento en la puerta principal y entonces oímos la voz de Natalia:

—Ya llegamos.

Camino hasta el recibidor y la veo por primera vez. Es impresionante. Natalia nos había mandado un par de fotos que tomó a escondidas; dijo que a Ria no le gusta que le tomen fotos. Así que sí, ya sabía cómo se veía. Sin embargo, verla en persona deja claro lo inadecuadas que eran esas fotos.

Tiene el cabello largo, de un tono cobrizo, y ahora lo lleva en una trenza que le llega hasta la curva inferior del trasero. Tiene la piel cremosa, como de porcelana, no trae maquillaje y, definitivamente, no lo necesita. Sus ojos son como si alguien hubiera exprimido el color de las esmeraldas y se lo hubiera regalado. Es alta para ser mujer, pero más baja que Natalia, y aun así todos nosotros vamos a sobresalir por encima de ella. Los dragones tendemos a ser más altos como especie.

Se le nota la aprensión en el rostro, así que sonrío, esperando tranquilizarla.

Natalia hace un gesto hacia mí y nos presenta.

—Ria, este es mi hermano mayor, Drago. Drago, esta es mi increíble compañera de cuarto, Adriana, pero le decimos Ria, obviamente.

Natalia sonríe mientras yo extiendo la mano.

—Bienvenida. Natalia nos ha hablado de ti. Nos alegra que hayas decidido acompañarnos.

Ella sonríe apenas al estrecharme la mano.

—Bueno, Natalia no ha dejado de hablar de ustedes, así que pensé: conocer a los famosos hermanos y comida gratis… ¿por qué no?

Suelto una pequeña risa.

—Ven a conocer a los demás; están afuera, preparando todo.

Los tres nos dirigimos a las puertas francesas que dan al patio trasero. Abro una y les hago un gesto para que salgan primero. Cuando ella pasa a mi lado, mi dragón enloquece, y me cuesta un mundo mantenerlo a raya.

Por una fracción de segundo veo escamas negras cruzar la parte de atrás de mi mano, y entonces logro contenerlo. Vaya… nunca me había pasado algo así. Voy a tener muchísimo cuidado para mantener el control cerca de ella.

Cuando salgo a la terraza, escucho a Natalia presentando a todos.

—Ellos son Ash, Cinder y Cole. Chicos, esta es mi compañera de cuarto, Ria.

Señala a cada uno mientras dice su nombre, y Ria da un paso al frente y les estrecha la mano a todos. Puedo verles la expresión. A cada uno le está costando mantener el control cerca de ella.

—Necesito sacar los filetes del refrigerador. Ahorita vuelvo —dice Cinder, escapando hacia la casa.

Cuando pasa junto a mí, alcanzo a ver cómo le ondulan las escamas bajo la piel.

Lo sigo y extiendo la mano para ponerla sobre su hombro.

—Tranquilo, cálmate —susurro a su dragón más que a Cinder.

Soy el mayor y el macho más dominante, lo que me convierte en el líder. Su dragón respeta mi posición y mi autoridad. Por eso obedece mi orden y se repliega.

Cinder suelta el aire con un temblor.

—Gracias. Me estaba costando controlarlo.

Le doy una palmada en el hombro y vuelvo a salir, cerrando la puerta detrás de mí. Las chicas ya se sentaron en la mesa redonda del patio, con refrescos frente a ellas.

Veo que Ria está tensa y nerviosa. Espero que podamos ayudarla a relajarse. Natalia está hablando de sus clases, sus profesores y la gente que ha conocido.

—¿Y tú, Ria? —le pregunta Ash.

Ella se retuerce las manos bajo la mesa.

—Bueno, mi meta es sacar una maestría en psicología. Mis clases están bien, pero espero exentar la mayoría. De hecho, tengo un día de exámenes el próximo miércoles. Así que ya veremos después de eso.

Cole parece impresionado.

—Guau, eso es ambicioso. ¿Hay alguna rama de la psicología que te interese más, o estás pensando en ser psicóloga?

Ria lo mira, como evaluándolo.

—Lo que más me interesa es trabajar con niños de alguna manera. No en servicios de protección infantil, sino más bien como psicóloga infantil.

Cole asiente y le da un trago a su propia botella de refresco. Ella parece relajarse más cuando él deja de hacer preguntas. Así que tomo nota: debemos tener cuidado de no abrumarla con preguntas personales.

La puerta a mi espalda se abre y Cinder sale cargando una bandeja de filetes.

—Hola, Ria, ¿cómo te gusta el filete?

—Ah… creo que a término medio —responde casi con vacilación.

Cinder capta el matiz.

—Tenemos pollo, si prefieres.

—No, el filete está genial; es solo que hace mucho que no como uno de verdad.

Cinder se detiene, notando la tensión que emana de ella; luego asiente y lleva la bandeja a la parrilla.

Ella se relaja cuando él no le hace ninguna pregunta sobre lo que dijo.

Camino hacia la mesa. Me encantaría sentarme cerca de ella, pero, sin querer agobiarla, dejo mi silla a una distancia prudente. Aun así, la sorprendo mirándome con el rabillo del ojo, pero finjo que no me doy cuenta.

Con solo estar cerca de ella, puedo sentir a su dragón, pero está enterrado más profundo de lo que habría esperado. El mío está casi ronroneando por su cercanía, y eso jamás me había pasado.

Me exprimo el cerebro con la información que aprendí sobre las Hembras Dragón Reales. Entonces, de pronto, la respuesta me salta a la mente. Claro. Las Hembras Reales no hacen su primera transformación hasta que están apareadas. Eso explica por qué su dragón duerme tan profundamente.

Necesito leer sobre cuánto tarda en transformarse por primera vez después del apareamiento. Odiaría que no anticipáramos su transformación y que ocurriera en el momento equivocado.

—Ria, no recuerdo si Natalia nos lo dijo, pero ¿tienes hermanos? —observé su rostro mientras hacía la pregunta.

—Ah, sí. Tengo una hermana y dos hermanos. Se lo dije a Natalia, pero técnicamente son hermanos de acogida, y nosotros no hacemos esa distinción. Son mi hermana y mis hermanos. Igual que mi mamá de acogida es mi mamá —habla casi como retando a alguien a contradecirla.

Asiento.

—A veces la familia elegida puede ser tan cercana… o incluso más cercana que los parientes de sangre.

Parece relajarse cuando reconozco el lugar de su familia elegida en su vida. No responde más que con un leve asentimiento.

Cuando la comida está lista, comemos, y parece disfrutarla de verdad. No participa mucho en la conversación alrededor de la mesa, pero escucha. Incluso la veo sonreír de vez en cuando por las bromas entre nosotros o por algo que dice alguien.

A propósito no mencionamos lo de nadar. Lo habíamos hablado antes y decidimos que no queríamos incomodarla haciendo que se sintiera expuesta en traje de baño frente a hombres a los que todavía no conocía bien.

Poco después de que anochece, las chicas deciden volver al dormitorio. Nos habíamos asegurado de que Natalia tuviera un auto para poder llevarlas.

Todos ayudamos a recoger, y luego vamos a la sala. Nos aseguramos de comprar un par de sofás grandes de cuero para la casa. Somos tipos grandes, así que necesitamos muebles grandes para estar cómodos.

Cinder suelta un suspiro profundo y deja caer la cabeza hacia atrás de manera dramática.

—Maldita sea, ¿a ustedes les costó tanto como a mí que sus dragones dejaran de arañar por salir?

Cole asiente.

—Sí. Por un momento pensé que iba a tener que metérme a la casa contigo. El mío pareció calmarse cuando Drago salió.

—Me tomó totalmente por sorpresa tener una reacción tan fuerte a ella cuando se acercó a mí. Y luego, lo juro, estaba jodidamente ronroneando —niego con la cabeza al decirlo.

Ash sonríe.

—Sí, me sorprendió lo satisfecho que estaba mi dragón con que ella solo estuviera cerca. Ya puedo entender por qué no reaccionó en absoluto a los Stoicas. Su dragón está durmiendo muy profundo.

Asiento.

—Recién esta tarde recordé que las Hembras Reales no hacen su primera transformación hasta después del apareamiento. Tenemos que tenerlo presente cuando llegue el momento.

Cole se queda pensativo.

—¿Y si ella no quiere aparearse con nosotros? O sea, está extremadamente a la defensiva y nerviosa con nosotros, y no parece querer compartir nada personal.

Le digo:

—Sí, yo también lo noté, pero hoy fue la primera vez que siquiera nos vio. Estoy seguro de que, conforme esté con nosotros, eso va a cambiar.

Él sigue viéndose preocupado.

—¿Y si no cambia? ¿Nos vamos a ir y dejar que se quede aquí?

Me quedo pensando un instante.

—Sinceramente, no lo sé, Cole. Supongo que no había pensado realmente en esa posibilidad. Creo que todos tenemos que examinar de verdad esa pregunta. Yo, en lo personal, no estoy dispuesto a alejarme. Han pasado casi cien años desde el último nacimiento conocido de una Hembra Real. Nuestra gente y nuestro reino la necesitan desesperadamente.

Todos guardan silencio mientras lo piensan.

Ash interviene:

—No sé los demás, pero yo no estoy dispuesto a alejarme de ella. Es demasiado importante, y no estoy dispuesto a esperar otros cien años por una compañera. Eso probablemente me hace un imbécil egoísta, pero así es como me siento.

Asiento de acuerdo con Ash. Yo tampoco estoy dispuesto a dejarla ir. Pase lo que pase, ella se irá a casa con nosotros, y será nuestra compañera. Tenemos que esforzarnos mucho para que acepte.

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