Capítulo 10 Capítulo 10

Lina.

El teléfono móvil dentro de mi bolso seguía vibrando con un zumbido constante y aterrador.

—No... no porfavor... ¡no me hagas esto! —gimoteé entre dientes, rogando que se apagara este aparato.

Michael seguia llamándome desde la tranquilidad de su oficina en el piso veinticuatro imaginarlo ahí arriba, con su traje impecable, su porte alto y esa actitud abrumadora de superhéroe corporativo que todo lo puede y todo lo resuelve... Un hombre dispuesto a pisotear los reglamentos de su propia empresa con tal de salvarme y mantener médica a mi supuesta madre.

El contraste entre su nobleza protectora y la pesadilla vil y sucia que me tenía acorralada en una escalera de concreto me causaba una angustia física insoportable.

—Perdóname, Michael... de verdad perdóname... no puedo contestarte... —susurré con la voz rota por el llanto, deslizando el dedo para silenciar la llamada, sintiendo cómo una culpa corrosiva me carcomía las entrañas.

Abajo, el sonido de los pasos del cobrador se detuvo de golpe justo en el descansillo del piso trece escuché cómo golpeaba la puerta metálica con rabia antes de responder una llamada en su propio teléfono.

—¡Sí, habla conmigo! —bramó el sujeto con la voz llena de furia escupida—. ¡La perdí de vista en el vestíbulo principal! Los imbéciles de seguridad están insoportables hoy por la visita de unos inversores extranjeros y amenazaron con llamar a las patrullas del distrito. Me tengo que largar del edificio por ahora, pero la cita sigue en pie para esta noche en los muelles de la ciudad.

¡Díganle a esa maldita zorra que junta los otros treinta y cinco mil dólares o esto se va a poner sangriento para todos!

¡BANG!

El portazo metálico retumbó en la estructura y el eco de sus botas pesadas bajando a toda prisa hacia la salida del sótano me devolvieron al mundo real. Dejé ir un suspiro largo, entrecortado y agónico que me vació los pulmones por completo.

—Se fue... por ahora se fue... —sollocé, dejándome caer de rodillas sobre el suelo frío de concreto y abrazando mi bolso contra el pecho como si fuera lo único que me mantenía con vida.

El peligro inmediato se había evaporado de los pasillos de Jonas Capital, pero la tregua era solo una pausa cruenta antes del desastre absoluto.

Me limpié el rostro a trompicones con las manos temblorosas, intentando sofocar los latidos desbocados de mi corazón antes de tener que dar la cara en el área ejecutiva sabía que Michael notaría mi ausencia prolongada su mente meticulosa no pasaría por alto mi falta de respuesta al teléfono y su instinto de protección se activaría con más fuerza, dispuesto a interrogarme para arreglar mi vida.

Me puse de pie con las piernas aún vacilantes, me arreglé la ropa como pude y tomé aire.

Tenía que subir al piso veinticuatro, ponerme la máscara de la secretaria impecable y sonreírle al hombre que quería ser mi héroe, sabiendo que mi red invisible de mentiras estaba a punto de estallar y arrastrarnos a ambos hacia la ruina.

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