Capítulo 31

—MARLOWE—

Malditos sean todos los secretos. Estaba harta de todo. El maldito agujero del conejo de Alicia se había convertido en una guarida de serpientes: deslizándose y siseando, todas listas para atacar, venenosas hasta la médula.

Algo estaba en el aire, vil y pútrido. Fuera lo que fuera, traía...

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