Capítulo 37

—MARLOWE—

No había visto a Torin en todo el día, y para la noche me encontré deambulando por el recinto, inquieto e intranquilo. El cielo sobre mí estaba salpicado de estrellas brillantes, que arrojaban un resplandor plateado sobre los terrenos. Los motores retumbaban, las voces se escuchaban, y lo...

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