Capítulo 2 Prólogo Parte 2

—¿Listo? —Víctor, quien la mira satisfecho por el resultado, asintió tendiéndole el bolso. 

—Más que listo, mariposa. ¡Hoy la rompemos! —Ambos riendo salieron de su pequeño departamento. 

Sin lujos porque no se lo pueden permitir, pero con la compañía perfecta. Ese es el equipo que conforman Víctor y Pandora, ella un cerebrito que hace lo que sea para salir adelante y él un gay que lucha por un lugar en la sociedad sin ser juzgado por su preferencia sexual. 

El antro está a tope, la fila para entrar kilométrica y el ambiente como lo esperaban, animado y excesivamente descontrolado. 

—Chicos. —Glenda se acercó a sus amigos con una gran sonrisa. —Vamos, nos esperan. —Los saludó de abrazos. —Por Dios, mi diosa griega, estás ex-qui-si-ta. —Pandora rodó los ojos. Ambos amigos están locos como una cabra. 

—Por favor entremos antes de que me arrepienta. —Vicky enarcó una ceja y la miró en seriedad. 

—Escúchame bien, mariposa. Esta noche quiero que por primera vez te dejes llevar y te diviertas. —La miró a los ojos y sonrió con ternura. —Te has graduado y has sido aceptada en la mejor universidad del país, ¿No crees tú qué es motivo para descontrolarte por lo menos una noche? 

—Vicky tiene razón. —Lo apoyó Glenda. —mi diosa griega, deberías relajarte una vez en la vida. —Pandora dejó caer los hombros y asintió. Sus amigos tienen razón, ella solo trabaja y estudia. 

—Vale... me voy a divertir, pero por favor... no me dejen cometer una locura. Saben que jamás me emborracho y... 

—No digas una palabra más. —La cortó Víctor. —Jamás te dejaríamos sola, eso nunca. 

—Aunque sigo pensando que ya deberías perder la virginidad. —Glenda carcajeó por la mirada asesina de su amiga. —Vamos, debemos entrar. —Los tres amigos se adentraron al lugar que está a rebosar de gente. 

Tristán se bebió otro shot y gritó lleno de energía. Vaden sonrió al verlo tan descontrolado, no es que sea un niño bueno, pero en todos los años que lleva de conocer a su amigo es la primera vez que lo ve en ese estado tan alarmante, lo que le lleva a hacerse dos preguntas. ¿Está dolido o feliz? Quizás no sea ni una ni la otra, tal vez su amigo simplemente se sienta libre por dejar ir y no seguir aferrándose. 

—No bebíamos así desde las fiestas de la fraternidad. —Vaden dejó el vaso de shot sobre la barra. —¿Seguro que no quieres colgarte? —Tristán carcajeó. 

—¿Ahorcarme yo? ¡Jamás! ¿Acaso no me has visto? Rubio con ojos azules únicos, metro noventa y cinco, cuerpo atlético y con una personalidad que te cagas... ni mencionar la supe herramienta que me cargo. —Carcajeó a batiente abierta orgulloso de él mismo. 

Vaden miró a su amigo divertido, ese tonto jamás se mide a la hora de decir las cosas y tampoco le importa dónde esté para decir lo maravilloso y perfecto que es. 

—Hay muchos hombres guapos. —Víctor recorrió el lugar con la mirada. —Creo que hoy me voy a divertir muchísimo. —Pandora rodó los ojos, sus dos amigos no pueden estar sin liarse con hombres que jamás han visto en sus vidas 

—Necesito un trago. —Negó caminando a la barra. 

—¡Esa es mi chica! —Aplaudió Glen la mar de feliz por la actitud de su amiga. —Dame tres amnesias. —Pandora la miró en el acto. —¿Qué? —Río divertida. —Tranquila, esto es solo para iniciar. —El barman entregó los tragos y la noche de copas comenzó para los amigos. 

Shot de amnesia, cervezas, cócteles y toda bebida alcohólica que pudiera existir. Bailes, gritos y cantos. La noche es realmente espectacular para Pandora, por primera vez en la vida se está divirtiendo sin preocupaciones y se está dejando llevar por sus amigos y está valiendo la pena. La está pasando bomba. 

—De acuerdo, quien beba más lento debe confesar algo interesante. —Vaden sonrió, ese trío son el alma de la fiesta, pero al parecer sus encantos no hacen el efecto que acostumbra y debe recurrir a esos métodos. 

—No digas tonterías, no podrían con nosotros. —Pandora, que jamás se corta un pelo cuando tiene que decir lo que piensa, lo miró burlona. 

—O quizás sí podamos y tienes miedo de sacar a la luz tus vergonzosos secretos. —Tristán carcajeó, de los tres ella es la que menos le agrada. 

—Por favor... te ganaría con los ojos cerrados. —Aseguró Tristán mirándola a los ojos. —¿Quieres comprobarlo? Pues bien, te haré quedar mal. 

—Lo aceptaría. —Pandora se levantó de su puesto. —Pero mear es más importante que conocerte. —Las risas enfurecieron a Tristán, esa mujer es una antipática. 

Pandora se dirigió al baño entre tropezones y balanceos, está tan ebria que no le importa más que la diversión y vaciar la vejiga. 

—Esta es la fila. —Una chica captó su atención. —Está larga, llevo un rato aquí esperando. —Pandora miró al frente y sí, la fila está realmente larga. 

Fijándose en el aseo de los hombres, decidió entrar ahí, estando sobria, jamás haría eso, pero este no es el caso y es mejor entrar a un baño asqueroso a mearse encima. 

Tristán caminó a la puerta y al escuchar el quejido de la persona que estrelló, se descuadró. 

—Fíjate, tonto... hay personas más pequeñas que tú. —Alzó la mirada para encararlo y demostrar su enojo, pero la sorpresa fue lo único que reflejó su gesto. —Claro, tenía que ser el patán. —Tristán alzó las cejas. 

—Yo un patán y tú una antipática. —Ladró molesto. —Te enamoraste de mí, por eso actúas como si me odiaras. Me viste entrar aquí y viniste tras de mí. —Pandora carcajeó por su arrogancia. 

—De todos los hombres que me podrían gustar, no estarías tú. No me fijo en arrogantes y egocentristas. —Tristán, ya furioso por su actitud con él, inició a caminar de modo que ella se viera obligada a retroceder. En cuanto tubo la puerta a su alcance, la cerró casi dándole a la cara al tipo que iba entrando. 

—Y de todas las mujeres que podrían atraerme, tú serías la única que me desagradaría. —La bofetada que recibió lo hizo gruñir, pero antes de que pudiera reaccionar, ya sus labios estaban pegados a los de esa mujer de apariencia tierna, pero que actúa más como un demonio cruel. 

Sus cuerpos al pegarse estallaron en corrientes, la química que se creó al instante dejó en evidencia la atracción que ambos tuvieron desde que se estrellaron en la barra y el deseo les evitó parar.

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