Capítulo 5 Capítulo 3
Pandora permaneció callada, sabía cuál es su lugar y la primera impresión que ha dado al jefe no fue la mejor, pero ¿Qué podía hacer ella?
—Señor Newman. —Detuvo la marcha en cuanto el hombre le prestó atención. —Debo disculparme por lo sucedido minutos atrás. —No estaba acostumbrada a disculparse por defenderse de patanes, pero sabía que no estaba en el bar donde se gana la vida. —Es únicamente que...
—Tranquila. —Vaden la cortó con tono despreocupado. —Te estabas defendiendo, yo también hubiera hecho lo mismo. —Con un gran alivio sobre sus hombros, asintió correspondiendo la sonrisa del hombre. —Vamos, aún no hemos terminado el recorrido y falta lo mejor. —Su emoción es tan contagiosa que Pandora casi no pudo contener la suya.
Vaden la llevó hasta el área de reposo. Pandora alzó las cejas al ver a un grupo bebiendo café, otros jugando con sus bots y otros simplemente sentados mirando a la nada.
—Vaya... no creí que esto se podía hacer aquí. —Dijo mirándolo con asombro.
—Por supuesto que se puede, hasta la mente más brillante debe tomarse un receso de vez en cuando. —La invitó a internarse con un gesto de mano. —Así las ideas fluyen y hay más posibilidades de tener éxito. —Guiándola hacia un grupo de mujeres, se apresuró a presentársela.
Tristán desde el fondo los observó, ¿Cómo puede ser una persona de apariencia dulce, tan viperina? Se preguntó detallando minuciosamente su llamativo cuerpo y delicados rasgos. Ojos oscuros y saltones, cejas perfectas, pero escasas, nariz pequeña y perfilada, boca pequeña con labios gruesos, dentadura perfectamente organizada, dueña de una sonrisa blanca y llamativa. Su cabello cayendo en cascada sobre sus hombros y parte de su espalda, es una mezcla de liso y ondulado, su tez es trigueña y el dorado en ella la hace especial a la vista. Estatura mediana, cuerpo curvilíneo, piernas largas pies pequeños y manos diminutas con uñas cortas.
Su vestimenta le favorece, pantalón de tela ceñido a su cuerpo, camisa de botón resaltando sus pechos y los tacones ayudando a su estatura... No, se equivocó, es muy pequeña de estatura.
Aclarándose la garganta se prohibió observarla por más tiempo, ahora lo que debe hacer es sacarla de su laboratorio para no tener que lidiar con la pesadilla que es.
—Esperamos que para la competencia anual te nos unas. —Stella le dedicó una gran sonrisa. —Este año pensamos ganarles a los chicos. —Pandora la observó un poco confundida.
—Hacemos competencia, hombres vs mujeres. —Aclaró otra del grupo. —Por supuesto, nosotras llevamos más trofeos. —Le guiñó divertida.
—Oh por Dios... ¿No pueden estar si no es echándolo a la cara? —Vaden meneó la cabeza en negación. —Venga, Pandora, vamos a seguir antes de que te contagien la arrogancia.
—Venga ya, rarito, no te me agüites. —Bromeó Stella dejando escapar una pequeña, pero indiscreta risa.
Vaden miró a Pandora de reojo y sonrió al verla tan consternada. La chica es toda una antisocial, eso o es autista.
—No he podido evitar estudiarte. —Pandora lo miró en el acto. —Lo siento, es costumbre. —Se disculpó un poco avergonzado. —Creo que por eso me dedico a la programación de los bots, entiendo bastante el comportamiento humano y sé cómo darle personalidad a un robot. —Sonrió orgulloso. —El punto es que noté tu incomodidad al interactuar con varias personas a la vez y, no veo la cinta de autismo en tu muñeca o en tu bolso al dejarlo en los lockers. —Pandora, negó de inmediato.
—No soy autista ni tengo problemas con las personas, es simplemente que no me gusta ser social y ya está. —Su explicación le pareció ligeramente extraña a Vaden, pero decidió no continuar con la charla.
—Hemos llegado al despacho del jefe. —Pandora miró la enorme puerta de cristal oscuro y después miró a su acompañante buscando una explicación. —Me ha pedido que después del leve recorrido te trajera aquí, así que... —Señaló la puerta con un gesto de cabeza. —Tristán se ocupará de que vayas conociendo las instalaciones poco a poco. —Pandora quiso soltar la carcajada al escucharlo, ¿Está hablando del chico que no soporta el disgusto por tener a una estudiante como compañera? Este flipa de vez en cuando. Pensó divertida.
—Gracias, señor Newman.
—Oh, dime Vaden, pasaremos mucho tiempo juntos. —Dedicándole un guiño como despedida, se alejó de ella.
Pandora miró la puerta como si tras de ella hubiera un monstruo. ¿Para qué quiere verla el dueño? ¡Ella es solamente una practicante! Respiró profundamente para tranquilizarse y una vez supo que podía enfrentar al mundo, golpeó suavemente el cristal.
—Buenas tardes, señorita Radcliff. —Pandora pegó un brinco hacia atrás por el susto. —Perdone mi indecencia, no quise asustarla. —Con la boca hasta el piso inició a buscar al robot, pero todo indicaba que está sola.
—Vamos Data, haz pasar a nuestra invitada. —Una voz humana provino de detrás de la puerta.
—Sí, señor. —La puerta se abrió sola y Pandora flipó al ver el interior, aún no encuentra al robot, solo ve a un hombre rechoncho de cabello y barba blanca. —Bienvenida, señorita. —Sin poder acostumbrarse a escuchar sin ver al dueño de la voz, entró al despacho y la puerta se cerró tras de ella.
—Eh... bu... Buenos días. —Vaciló incapaz de dejar sus intentos por encontrar al robot, pero obtuvo el mismo resultado, ¡No hay uno!
—Bienvenida, señorita Radcliff, soy Bastián Bannister. —El hombre se acercó y le estrechó la mano a la confundida joven. —Data es un programa de inteligencia artificial, encontrará muchos de esos por aquí. —Explicó detallando la sorpresa en su gesto. —He estado siguiendo su trabajo, espero realmente que todo lo que ha visto hasta ahora sea de su agrado. —Pandora quiso gritar que todo es fascinante y como un sueño, pero al contrario, solamente asintió.
—Todo ha rebasado mis expectativas, aunque aún no me acostumbro a la tecnología tan avanzada. —Bastián sonrió.
—Para alguien que puede crear con pocos recursos, no debería asombrarse. —La invitó a sentar. —Como ya se lo mencioné, he seguido todos sus trabajos y se ganó mi respeto en la última feria de ciencias. Esa presentación me dejó anonadado y me llevó a tomar la decisión de traerla aquí. Espero realmente tener todo de usted. —Pandora agrandó la sonrisa, no sabía que el hombre estaba aquel día y se le hace alucinante que le diga tales palabras.
—Es un honor para mí formar parte de las corporaciones Bannister, daré todo lo que pueda durante estos cinco meses. —El hombre se sintió complacido.
Tristán se sintió un poco más tranquilo, tomar dos tazas de café no solo le ayudó con el sueño, eliminó la tensión que esa mujer provocó en él con su insolencia.
Tras respirar profundamente, salió del ascensor directo al despacho de su padre, ahora que sabe no gritará como un loco, podrá pedirle amablemente que retire a esa chica de sus servicios.
—Tenemos que hablar. —La sorpresa que se llevó al ver a su padre reír a batiente abierta con la pasiva agresiva lo descolocó.
—Lo siento, señor, él sabe cómo pasar de mí. —Data se disculpó con su jefe.
—Hijo, deduciré que ya conociste a la señorita Radcliff. —Tristán no apartó la mirada de la mujer, esos ojos oscuros y brillantes lo desespera.
—Por supuesto que ya la conocí y vengo a pedirte que la pongas al servicio de Vaden. —Pandora se sintió realmente mal. ¿Por qué la odia sin conocerla?
—¿De qué hablas? —Bastián frunció el ceño, confundido por las palabras de su hijo. —No hay nadie que te dé mejor la talla. —Tristán miró a su padre ofendido.
—¿Me estás diciendo que una practicante es igual de buena que yo? —La incredulidad en su gesto fue evidente.
—Lo afirmo. —Contestó el hombre sin inmutarse. —¿Qué sucede hijo? Recuerdo haber escuchado que la tratarías bien. —El tono guasón del hombre llamó la atención de Pandora. —Eso lo dije antes de conocerla. —Gruñó. —Es una respondona y no sabe su lugar.
—Yo solo me defendí de usted y sus palabras. —Aclaró en modo de explicación. Tristán con lentitud fue guiando la mirada a ella, Pandora se sintió pequeñita bajo esa mirada azul pálida.
—¿Lo ves? No puede callarse nunca.
—La tolerancia llegará a tal nivel que las personas inteligentes tendrán prohibido pensar para no ofender a los imbéciles. —La boca de Tristán quedó medio abierta al escucharla decir aquello.
—Fiódor Dostoyevski. —Susurró incrédulo al reconocer aquella frase. —Nadie tenga concepto de sí mismo, que el que deba tener. —Ahora fue turno de Pandora procesar las palabras de su contrincante.
—Pablo. —Afirmó demostrando que ella también conoce y por supuesto ocultando la molestia que le causó esa frase.
Bastián permaneció en silencio observando la escena. Se ha dado cuenta de dos cosas, la primera: la chica tiene agallas y se defendería sin importarle quien la quiera humillar y la segunda: es que su hijo ha encontrado a una mujer igual de lista que él.
Tristán, por otro lado, la mira desde el ventanal, su cuerpo todavía está tenso y su piel tiene la sensación de su contacto. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se sintió así de cómodo abrazando protectoramente a una mujer? Sacudiendo la cabeza alejó esos pensamientos, él solo la ayudó para que no muriera congelada, es todo.
