Capítulo 30: No puedo tocarla

-Brendon-

Por la mañana, cuando la tormenta por fin amainó, el alfa apareció en el último tramo de nuestra ruta, el que conducía a la casa. Sostenía un bagel en una mano y una taza de café caliente en la otra, completamente seco en comparación con el resto de nosotros, que estábamos empapados, exha...

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