Capítulo 49 El último segundo en el aire

La luz roja en el motor de la grúa no daba tregua. El pitido era sordo, constante, coordinado con el ritmo frenético del pulso de Dante. Estábamos atrapados a doscientos metros de altura en una pasarela de hierro que amenazaba con desprenderse tras el colapso del helipuerto.

Dante me miró. El sudor ...

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