Capítulo 86 La sangre del muelle sur

Al perro que muerde la mano de su amo no se le pone bozal; se le revienta la cabeza contra el suelo.

El pitido de la pantalla apagada todavía zumbaba en mis oídos cuando Dante cruzó la biblioteca de tres zancadas largas. De una patada seca a la base de la chimenea, destrabó un compartimento oculto e...

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