Capítulo 6 DIFÍCIL DECISIÓN

Nick Sebastini

Estaba ansioso esperando su respuesta, vi su expresión de duda y estuve seguro de que se negaría, pero no iba a permitirlo, lograría que aceptara y ya sabía que arma usar en su contra.

Estaba claro que Sophía acababa de descubrir su sexualidad, de hecho la había visto como se admiraba y sorprendía de todo, aún no podía controlar las emociones que generaba el contacto de una persona que le atraía sexualmente. Por ello tenía la seguridad de que con solo tocarla se desharía en mis manos y tenía intención de aprovecharme. Por otra parte, no estaba demás hacer algo para aplacar el ardor que sentía por ella.

No estaba dispuesto a que se alejara de mí hasta que estuviera saciado y aburrido de su cuerpo, mientras tanto era momento de disfrutarla y encaminarla más profundamente por el camino a su sexualidad, con el tiempo me agradecería que fuera un buen maestro.

Me acerqué a ella, comencé a acariciarle la mejilla, para después tomar su mentón y empezar a besarla. Le quité la bata y en segundos quedó desnuda frente a mí, su cuerpo tembló ante mi contacto, lo que produjo en mí un delicioso placer y un atisbo de orgullo. Sonreí complacido, me satisfacía que no pudiera resistirse a mí y estaba loco por disfrutarla en todo su esplendor de todas las maneras que me imaginaba. Mi amiguito y yo tendríamos unas sesiones de apasionante sexo, enseñando a esa hermosa muñequita lo que podía sentir.

Bajé mi boca a su cuello, saqué mi lengua y comencé a probar su piel, escuché los gemidos que salían de su boca y seguí bajando, pero cuando iba llegando a sus senos me alejé de ella, su mirada fue de desconcierto, volví a sonreírme con suficiencia.

Extendí mi mano y con la palma acaricié sus pezones que se erguían como coronas en sus senos, mordí mis labios luchando con el deseo de probarlos, mi pene dentro del pantalón se había puesto duro, producto de la anticipación de introducirme dentro de ella y que sus piernas se enteraran en mis caderas.

Sus ojos se oscurecieron producto del deseo, trataba de resistirme, pero sus tetas me atraían como las más jugosas frutas, froté sus picos y los masajeé sin poder dejar de observarla. Bajé mi mano por su vientre hasta posarla en su prieto coño, donde me abrí paso con mis dedos. Ella gimió e intentó cerrar sus piernas, se lo impedí. Recorrí su vagina y fui introduciendo mis dedos en su interior, mientras con mi pulgar jugaba con su clítoris.

Su esencia bañó mi mano y ella cerró los ojos y comenzó a moverse al ritmo de los movimientos que indicaba con mis manos. Me acerqué a su oído y recorrí con mi lengua el lóbulo de su oreja.

La tenía donde quería tenerla, estaba totalmente enfebrecida de deseo, se abandonó a mí recostando su cuerpo en mi pecho. Gemía totalmente descontrolada, mientras con voz ronca me rogaba — ¡Oh Nick! Por favor yo…—pero su excitación la dominaba, movía su cabeza como si estuviese ebria, dándome mayor acceso a su cuello para continuar besándola. Y yo también estaba al borde de ceder a mis deseos, pero quería que me suplicara.

—Pídeme que te tome Sophía—pronuncié con voz ronca, entretanto sentía como apretaba su vagina contra mi mano y como su cuerpo era sacudido por fuertes espasmos.

—Si Nick, por favor — Me respondió la chica sumergida en una intensa pasión.

—¿Por favor que Sophía? Dímelo, suplícame que te tome—le exigí sintiéndome dichoso de tenerla a mi merced.

Estaba deseoso de escucharla manifestar su necesidad por mí, me producía placer que generara esa especie de adicción por estar conmigo —Vamos Sophía, dime qué quieres para dártelo.

 Sollozando de deseo me lo dijo con una voz demasiado tenue — Te quiero… dentro de mi Nick, por favor — habló la chica extasiada, deseosa de volver a tenerme dentro de ella.

Y yo no pude esperar más, me carcajeé ante su petición, me quité el pantalón, me puse un preservativo y la besé con una desbordante pasión, enseguida ambos nos encendimos. La tumbé sobre la cama, recorrí cada parte de su piel, su cuello, sus senos, su vientre, con mis besos y mis caricias, le mostré la pasión que también me poseía, logrando que ella gimiera descontroladamente.

Le abrí las piernas y situé mi pene en su entrada, me introduje con cuidado y sentí que su coño apretaba como un guante mi miembro, grité del éxtasis, era tan delicioso que podría acostumbrarme a estar así con ella.

Nos fundimos uno con otro, no se sabía donde empezábamos ni terminábamos, nos rodeó un aura de intimidad. Me dejé envolver por la embriaguez de la pasión, mientras me movía con fuerza, mis movimientos se intensificaban, adentro y afuera, mientras ella subía sus caderas a mi encuentro.

No tenía palabras para describir lo que estaba sintiendo, era maravilloso, sublime, sentía un goce sin precedentes, era demasiado glorioso, un profundo deseo nos hizo estallar a ambos y gritamos de placer, sentí que había volado a la cúspide más alta y vuelto a aterrizar en el suelo, totalmente satisfecho.


Sophía Madrid

Estaba temblando por la intensidad de las emociones que acaba de experimentar, sentía que no podía alejarme de él, quería estar a su lado. Lo que había experimentado en ese momento, había sido más profundo que la primera vez y le pregunté: —Nick: ¿Siempre es así de sorprendente? ¿A ti también te pareció maravilloso o es solo que mi inexperiencia me hace creer que es más grande de lo que realmente fue?

 Él se inclinó, apoyó su codo en la cama sosteniendo su cabeza con la mano, lo pensó por un par de segundos y me dijo: —Si te soy sincero…—comenzó a hablar para hacer una pequeña pausa—nunca me había sentido tan fuera de mí haciendo el amor. Esa pérdida de control solo la he experimentado contigo, por lo cual deduzco que eso no pasa con cualquier persona, sino con quien somos más compatibles.

Me sentí agradada de que solo hubiese perdido el control conmigo y de manera desvergonzada le pregunté: — ¿Podemos volver a repetirlo?

—¡Claro! Las veces que quieras. Por eso deseo que me acompañes a Roma, me harías el hombre más feliz del mundo, te prometo que la pasaremos espectacular, te haré disfrutar más que nunca.

—Es que no sé si sea lo correcto, mis padres regresan el lunes y confiaron en mí para quedarme en la casa, pensando que me comportaría juiciosa y me he desatado de una manera que ni yo misma me reconozco. Se morirían si supieran todo lo que he hecho desde que te conocí.

Manifesté contrariada y luchando internamente con mis deseos porque una parte quería hacer lo correcto e irme a la casa, pero la otra quería acompañarlo y vivir la aventura, dejarme llevar por una sola vez en la vida por mis impulsos, experimentar esas emociones que eran tan grandiosas y hasta ahora desconocidas para mí.

Nick me embriagaba, jamás pensé que sería capaz de dejarme llevar de esta manera. Yo siempre había sido la más sensata entre las cinco amigas, incluso por lo que ellas hablaban pensé que tendría algún problema, que tal vez era frígida porque ningún chico me había provocado ese calor que me hacía sentir este hombre con solo una mirada. Cuando estaba junto a Nick, percibía una especie de calor que sentía me devoraba vorazmente, despertándome a un mundo de sensaciones que me aterrorizaban, pero a la vez me atraían inexorablemente.

— ¡Vamos a ir! Tus padres no sabrán que estarás fuera. Estarás atenta a tu móvil para cuando te llamen, les atiendas y como ellos regresan el lunes, te traigo el domingo. No tienes nada que perder, pero sí mucho que disfrutar—expresó moviendo su dedo índice en círculos alrededor de mi pezón, produciendo un corrientazo en mi interior que desembocaba en mi vagina y me impedía pensar con claridad.

 —No cargo mis documentos de identidad, los tengo en mi casa—alegué buscando un argumento para evitar que me convenciera, pero él era muy persistente.

 —Mientras vamos en el auto al aeropuerto, pasamos buscándolos. Te prometo que tu familia nunca se enterará de nada. Por favor, no me dejes. Compláceme y pasa conmigo el fin de semana—me pidió con una mirada capaz de convencer a cualquiera.

 —Tengo clases en la universidad—expresé con mis últimos indicios de negarme.

 —Te buscaré con un amigo médico que vive acá en Barcelona una constancia de que estuviste indispuesta estos dos días y que por eso no pudiste asistir—ante mi silencio agregó— No sigas poniendo excusas Sophía, si no quieres ir y tampoco estar conmigo, simplemente, di que no y no sigas buscando artilugios para negarte—expresó con voz irritada alejándose de mí.

 Y ese gesto terminó de convencerme, no quería que estuviera molesto, tal vez si no aceptaba, no lo volvería a ver y yo quería estar cerca de él, me encantaba como me miraba, como me acariciaba, como hacíamos el amor y sin pensarlo más, acepté. Sin siquiera imaginarme por un momento el futuro que me esperaba.

 —Está bien Nick, te acompañaré—expresé y él se sonrió se acercó a besarme nuevamente con una desbordante pasión, mientras yo me preguntaba ¿Habré hecho lo correcto?

"Saber lo que es correcto no significa mucho a menos que hagas lo que es correcto". Theodore Roosevelt.

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