Capítulo 237 Capítulo doscientos treinta y siete

—Claro —dije, obligándome a que la voz sonara firme, pese al avispero zumbante que tenía en el estómago—. ¿Qué quiere saber?

El señor Reeves entrelazó las manos sobre su escritorio, y noté con qué cuidado evitaba mirarme directamente a los ojos.

—Bueno, estoy seguro de que recuerdas que hace unos ...

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