CAPÍTULO 58

A través de las ventanas abiertas de la casa de la manada, el aire fresco de la mañana traía el aroma del bosque. Intentando calmar las ansiedades nerviosas que me habían invadido desde que el extraño se había ido la noche anterior, respiré hondo. Tenía la sensación inquebrantable de que algo inespe...

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