Capítulo 5 Pelo de elote I

Doy un largo suspiro antes de llegar a la mesa donde está Nicolás, y cuando llego me siento frente a él, que al verme me da una mirada de desagrado, igual que él hago lo mismo.

—¿Qué querías hablar conmigo? —pregunto, mirándolo a los ojos y por alguna razón siento algo extraño que me hace desviar la mirada.

—¿Disculpa? —levanta una de sus cejas y veo que me mira más de lo normal—. Más bien, ¿qué haces aquí en mi mesa?

—Rubiela me dijo que querías hablar conmigo, por eso vine.

—Yo no tengo nada que hablar contigo. Rubiela te mintió.

La busco con la mirada y me da una sonrisa. Comprendo que me ha mentido cuando me guiñe un ojo y volteo a ver a Nicolás. Intento levantarme, pero me detiene por la mano.

—Sí, ya me di cuenta —mascullo entre dientes—. Debo regresar con mis amigos.

—Veo que tu novio no te deja sola, ¿confías en él?

—Por supuesto que sí.

—No debes confiar tanto en las personas —me da una sonrisa de boca cerrada.

—¿A qué te refieres con eso?

—Averígualo, y antes de que te vayas te pido que alejes a tu hermana de mi hermano. Somos de clases sociales muy diferentes.

—No te preocupes, a mí tampoco me gusta que mi hermana se fije más de lo que debe en tu hermano —me levanto y me voy donde mis amigos sin dejar que me diga nada. Me saca de quicio.

Me siento al lado de Aron e intento abrazarlo, pero se aleja. Debe de estar celoso. Dejo a los chicos solos y me voy detrás de él, intento tomarlo de la mano, pero lo evita.

—Amor, espera —lo tomo del suéter—. ¿Por qué te pones así?

—Kiara, se supone que estás conmigo y me dejaste por irte detrás de ese chico. Siempre pones a todos por encima de mí.

—No digas eso, Nicolás solo quería preguntarme cuándo serán las terapias. No debes ponerte celoso, apenas y lo conozco.

Es mentirle, o terminará más enojado.

—Pero le pones mucho interés, ¿no crees? —se acerca, apretando mi mentón—. ¿Te gusta?

—¡Claro que no! —suelto una risita irónica—. Sabes que te quiero a ti.

—Mejor hablamos después, y antes de irme te digo que el campamento al que íbamos con mis papás no se puede hacer. Ellos tienen trabajo que hacer.

—Está bien —le doy un corto beso—. No te pongas así, no me gusta que te enojes.

—Como digas —me besa—. ¿Quieres venir conmigo a mi casa? Mis papás no están.

—No puedo, debo trabajar —muerdo mi labio, apenada.

—Ok, como quieras.

Prefiero no seguirlo y me voy donde mis amigos. Sin esperarlo las lágrimas ruedan por mis mejillas porque odio cuando Aron se pone grosero conmigo. Agradezco que Rubiela, Oscar y Diego ya se hayan ido a su mesa, y solo estén mis amigos. No quiero que se den cuenta de nada.

—¿Estás llorando por el imbécil de tu novio? —Daniel seca mis lágrimas—. ¿Hasta cuándo seguirás con él, Kiara?

—Ese pendejo no te quiere —Sacha me mira—. Entiende que no te ve como tú a él.

—Por lo menos no soy la única que lo dice —susurra Melisa.

—Por eso nunca me ha caído bien, de verdad no sé qué haces con él, hermana. Eres hermosa y muy divertida, en cambio, él, es todo lo contrario a ti.

—Basta ya, chicos, saben que no me gusta que hablen mal de Aron —me levanto, enfadada—. Me voy, debo llegar al trabajo. ¿Vienes o te quedas? —me dirijo a Melisa.

—Voy contigo. Nos vemos, chicos.

Me sigue en silencio sin decir una sola palabra, y yo prefiero hacer lo mismo. No me voy directo al trabajo, necesito ir a casa de Aron porque no quiero que esté enojado conmigo por una pendejada, y menos por alguien como Nicolás que no me interesa en lo más mínimo. Tomo el autobús que pasa cerca de su casa para poder llegar, no tengo auto para decir que puedo llegar hasta la puerta de su casa

Capítulo anterior
Siguiente capítulo