Capítulo 6 Pelo de elote II

—Kiara Jacksyn—

Llego después de algunos minutos y toco el timbre. Una chica de cabello negro me abre la puerta y me sorprende verla con una de las camisas de Aron. Es muy bonita. Me mira con una sonrisa y yo trato de no pensar nada malo.

—Hola, ¿se encuentra Aron? —pregunto con un nudo en mi garganta. No puede ser lo que estoy pensando.

—Hola. Aron está en su habitación, puedes pasar si quieres mientras que lo llamo —asiento con la cabeza y entramos—. ¡Amor, te buscan!

La miro sin entender por qué lo llama así, pero no digo nada, no quiero armar un show y quedar como una loca celosa.

—¡¿Quién me busca, amor?! —levanto la mirada cuando escucho la voz de Aron, y la manera en la que la llamó me hace ver que algo no anda bien. Se da cuenta de que soy yo y la sonrisa que traía se le borra—. Kiara.

—No sabía que estabas ocupado —intento sonreír. Los miro—. ¿Son pareja? —inquiero.

—Sí. —Responde la chica dándole un beso—. Este hermoso chico que ves aquí es mi novio, ¿cierto que hacemos una linda pareja?

—Por supuesto que sí. Venía por unas cosas de la universidad, pero creo que llegué en mal momento —me acerco a Aron—. Me alegra conocer a tu novia, es hermosa.

—Soy Sofía —me extiende la mano y la tomo—. Me alegra conocer una de las amigas de mi novio, nunca quiere llevarme a los lugares donde va con ellos.

—¿Podemos hablar? —Aron me mira, y después a la chica—. Solo será un momento, regreso ahora, Sofía.

La chica le da un beso y yo salgo de la casa sin decir más nada, Aron también. Llegamos afuera y sin dudarlo un segundo le doy una cachetada que hace que se ponga la mano en la mejilla.

—¿Así que tienes novia? —suelto una risita sin ganas—. Era por eso que siempre me sacabas excusas para todo, y yo de tonta pensando que era porque tu familia no estaba de acuerdo con lo nuestro.

—Entiéndeme, mis papás no están de acuerdo con lo nuestro, los dos somos de mundos distintos —intenta tomarme las manos y las levanto—. Te quiero en serio, Kira, y si no te dije la verdad era por miedo a perderte.

—Mi nombre es Kiara, no Kira —le aclaro—. Si tenías miedo de perderme déjame decirte que me has perdido —me hago la fuerte—. ¿Cuánto llevas con ella?

—Estoy con ella antes de que tú aparecieras en mi vida —susurra, derramando una lágrima—. Pero a la que quiero es a ti.

—Mis amigos tenían razón, tú nunca me has querido, solo querías llevarme a la cama y ya —mi voz se rompe—. No quiero que me busques más, lo nuestro ha terminado.

—Por favor, Kiara, si lo hubiera querido lo hubiese hecho, pero nunca te propuse nada indecente porque respeté tu decisión de esperar —pone sus manos a los lados de mi cara—. No me dejes, por favor…

—No puedo ser plato de segunda mesa de nadie, y tú has roto lo que pensé que era lo más lindo que tenía —lo alejo—. No quiero estar contigo.

—¡Kiara! —Escucho su voz cuando le doy la espalda para irme.

No pienso quedarme con una persona que solo me ha estado engañando, y si conmigo llevaba un año no quiero imaginar cuánto lleva con aquella chica. Aron no tiene idea de cómo me ha lastimado, porque de verdad lo quiero, y el hecho de no tener dinero no es una excusa para tenerme como segunda opción. Ahora entiendo por qué sus papás me ponían mala cara cada vez que me veían, y por qué tantas discusiones sin sentido donde terminaba por irse. «Qué tonta me debí de haber visto buscándolo».

Espero el autobús, pero no pasa. Decido caminar. El centro está lejos, pero necesito estar sola y así tratar de entender que mi relación ha terminado, y que cada te quiero que salió de la boca de Aron era una farsa. Ya él le pertenecía a otra persona. Minutos después llego al centro y voy directo por mi bata para ir a darle rehabilitación a los pacientes que me tocan hoy, y por desgracia el primero de ellos es Nicolás.

Lo busco donde sé que estará y cuando llego ya tiene la cara de amargado que siempre carga. No estoy de ánimos para aguantarlo. Le pido a los enfermeros que lo pongan en la camilla y no me quita la mirada de encima. Agradezco por la ayuda y me acerco para empezar con lo que nos toca hoy.

Estiro las piernas de Nicolás y tomo la derecha, la voy alzando poco a poco y noto la cara de dolor que pone, pero no dice nada. Repito varias veces el procedimiento y con su otra pierna también. Voy a pedir ayuda para llevarlo a los tubos y así lograr que afloje sus músculos, pero me toma por la mano haciéndome sentir una corriente extraña que no había sentido con nadie. Lo miro a los ojos y no sé por qué mis lágrimas vuelven a salir. Las seco con mi mano libre.

—¿Qué tienes, Kiara? —pregunta con voz suave, y me sorprende que sea así.

—Nada. Voy por ayuda para llevarte a los tubos —le explico, para que me suelte.

—Nadie llora por nada —me atrae hacia él y no sé cómo tiene tanta fuerza—. ¿Quieres hablar?

—¿Para qué quieres que te cuente qué me pasa? ¿Para reírte? —me suelto—. No finjas que te interesa cómo me siento porque no te creo.

—Estás en lo cierto, no me interesa —suelta de repente—. Solo no me gusta que andes llorando.

—¿Por qué? —me acerco y noto la vacilación en su mirada, así que me aparto—. Olvídalo.

Por supuesto que no me va a responder.

—¿No me digas que te diste cuenta de que tu novio anda con otra? —lo miro por la manera en la que lo dice, parece que él sabe algo—. Claro, fue eso entonces.

—¿Cómo sabes eso, Nicolás?

—Su novia es mi prima, por eso lo sé —sonríe—. Ya quería ver tu cara de dolor. Ese chico no te quiere, solo te utilizó.

—¡¿Por qué carajos no me dijiste eso desde que lo viste conmigo?! —me altero—. Dejaste que yo me diera cuenta para después reírte en mi cara, en serio que eres un estúpido.

—No tenía por qué meterme en tu vida, ¿o si?

—Tú… eres un imbécil —me suelto a llorar. Lo que para él es una burla, para mí es muy importante. Quiero a Aron.

—La vida te está enseñando a no confiar en todo el mundo —escucho su voz, y lo quedo viendo—. No creo que sea buena idea seguir con la terapia, estás muy mal y creo que debes descansar. Le diré a mi chófer que te lleve a casa.

—No necesito tu lástima, puedo irme sola.

—Dije que te irás con nosotros y así será, y mejor cállate —llama a los enfermeros para que lo ayuden a montarse en la silla de ruedas—. Ya podemos irnos.

Asiento en silencio y tomo la silla de ruedas para llevarlo hasta el auto y un señor de algunos cuarenta años me ayuda a subirlo en su auto y luego me subo yo. Siento su brazo rozar el mío y no entiendo por qué tenerlo tan cerca me hace sentir paz si este chico solo es un tormento en mi vida. Miro por los cristales de la ventana y las lágrimas vuelven a salir, pero las seco enseguida. No quiero que me vean llorando.

Mi cuerpo se tensa cuando siento los dedos de Nicolás rozar mi mejilla y volteo a verlo. Sus ojos tienen un brillo que me estremece, y me hace querer estar más cerca de él. No sé por qué hace eso si por lo que me he dado cuenta él no suele ser así. Pongo mi mano sobre la suya y la quito con cuidado, pero para mi desgracia no me suelta la mano, y me parece notar una pequeña sonrisa de su parte, que hace que mis mejillas se pongan rojas y mi corazón quiera salirse.

—Eres muy hermosa para estar mal por alguien que no te merece.

Habla sin apartar su mirada de la mía.

—Yo lo quiero…  —susurro—. Me duele saber que fui un juego para él.

—Demuéstrale que puedes estar sin él. Eres hermosa, pero no te sacas partido como debes.

—Sabía que tú no podías ser agradable. Esto que ves es lo que soy, y no cambiaré por nadie.

—Solo quiero que le demuestres que tú puedes seguir sin él. Yo puedo ayudarte.

—¿Y a cambio de qué? Te recuerdo que no nos llevamos nada bien, y que tú no te cansas de tratarme mal.

—A cambio que le demuestres que él no es todo para ti. Mi prima lo ama, y le dolerá saber esto, pero si Aron estaba contigo es porque algo sentía. Créeme, nadie está con alguien solo por estar.

—No te entiendo.

—Qué ignorante. Te llevaré a un lugar para que veas que puedes ser más de lo que logras, y cuando ese chico te vuelva a buscar le dirás que está fuera de tu vida.

—Todavía no entiendo por qué tu ayuda, pero acepto.

—Solo con verle su cara de tarado cuando lo desprecies me va a alegrar, aparte, Sofía es muy importante para mí y él está jugando con ella.

—¿La quieres mucho, cierto?

—Es de las pocas personas que están a mi lado cuando más las necesito —da un largo suspiro—. Pero ese no es el tema ahora. Iremos a comprar ropa y que te arreglen un poco más el cabello.

—No tengo dinero —murmuro en voz baja—. Lo único que tenía se lo he dado a mi hermana para que comprara cosas personales.

—Yo te compraré la ropa, así que no te preocupes, pero antes dime una cosa, ¿cómo es que las dos están en la misma universidad que yo cuando sabemos que no es nada barata?

—Mi hermana se ganó una beca completa, y yo me gané media beca, por eso estamos en esa universidad llena de niños ricos y prepotentes como tú.

—No empecemos, no tengo ánimos de discutir, pelo de elote.

—Imbécil —mascullo sin quitarle la mirada.

Nos quedamos mirando por unos segundos hasta que no puedo sostener más la mirada y la aparto. Quizás pasar tiempo nos ayude a conocernos más, bueno, también cabe la posibilidad que nos terminemos matando en el camino.

No tengo idea por qué acepté que Nicolás me ayudara a cambiar un poco, o bueno, quizás porque una parte de mí sabe que puedo conquistar a Aron. Todavía mi corazón le pertenece y me duele lo que me hizo, pero tengo claro que en el año que duramos juntos lo aprendí a querer como no tiene una idea.

Llegamos a una enorme tienda de ropa y a Nicolás lo atienden como si lo conocieran de hace mucho tiempo, me quedo esperando y no sé qué le dice a la chica que lo atiende, ella sonríe muy coqueta y puedo ver que a pesar de estar en una silla de ruedas tiene lo suyo y sabe cómo conquistar a una chica. No tengo la menor idea en qué lío me he metido, pero me voy a arriesgar, y qué mejor que con un cambio drástico para mi vida que solo va de rutina en rutina.

«Esperemos que sean buenos resultados».

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