Tres Horas

Serena.-

Miré fijamente a los médicos, sabía que de mis ojos se podían ver las llamas ardiendo.

Solo quería buenas noticias.

—  ¿Está vivo? –pregunté sin rodeos.

—  El señor Maxim ingresó con una bala en el pecho, no hubo salida de la bala lo que ocasionó que se alojara en la arteria coronar...

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