¡Dame Los Malditos Papeles!

Gabriela.-

A la mañana siguiente, los rayos del sol se filtraron por las cortinas del despacho iluminando las marcas rojas en mi piel. Eran las huellas del fuego descontrolado con el que Andy me había poseído durante la noche.

Me vestí en silencio, sintiendo como una metamorfosis completa se h...

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