Capítulo 30 El contrato de cancela

Aurora nunca se había subido al  auto de un desconocido. Con el rabillo del ojo miraba al pelinegro manejando a su lado. Debía admitir que el hombre era un sueño:

Apuesto, amable, atento y caballeroso. Muy distinto al ogro de su jefe. Nada más tener el pensamiento se odió y se regañó internamente p...

Inicia sesión y continúa leyendo