Capítulo 6 La familia Coppola
Vicenzo
Este juego se nos está saliendo de las manos, y temo convertirme en el perdedor.
Ellie se está ganando mi corazón a cada instante, me está volviendo loco y temo que ya no puedo controlar mis deseos.
Abrí la puerta del acompañante para que Ellie pudiese abandonar el auto. Con la cara sonrojada, tomó mi mano.
—Ellie, tienes que dejar el nerviosismo a un lado. Mi madre puede aparentar ser una mujer muy dura por fuera, pero, es un alma buena que no te juzgará. Estoy seguro que tan solo le interesará conocerte con mayor profundidad debido a que eres la persona que va a convertirse en mi esposa —traté de calmarla, sin embargo, continuaba respirando con pesadez —. Mi amor, todo va a estar bien.
—¿Qué sucede si no le agrado a tu madre Vicenzo? —me preguntó, terminando de acomodar los pliegues de su vestido y tomando su bolso entre sus delicados dedos.
Para que ella viniera al primer encuentro con la mujer que me trajo al mundo, el cual significa el punto clave dentro de nuestra jugada, ella decidió cortarse el pelo en varias capas. Aquello le daba un toque a su precioso cabello castaño ondulado, algo que nos gustó a ambos.
En el camino, puse un fino anillo en su dedo como señal de nuestro próximo casamiento. Así, todo el mundo creerá que en realidad sí estamos comprometidos y no se atreverán a cuestionar nuestra relación. Quiero que todo salga como queremos, sin ninguna interrupción.
—Eres alguien extremadamente dulce y amable, las dos cosas que más le gustan a mamá. Solo debes ser tú misma, diles lo que te gusta y lo que no, incluso puedes contarles sobre tus problemas o sobre tu vida personal. Aunque si te preguntan acerca de la razón de tu mudanza a Italia, vas a contestar que hemos tenido una relación a distancia porque estabas estudiando en Londres y has terminado tus estudios recientemente. Y bueno, ya que puedes establecerte como una profesional, hemos decidido que queremos empezar nuestra vida como una familia en la magnífica Italia.
—Vaya... Tú sí que tienes todo planeado, ¿no? —se burló de mí—. Siempre tienes una respuesta para todo lo que te pregunto. Y gracias, prometo que voy a ser yo misma, la única diferencia es que finjo ser tu esposa. Tu queridísima esposa de mentira.
—Aunque eso no te convierte en alguien que no eres ¿Lo tienes claro? —le recordé. No quiero que se olvide de eso jamás.
—No lo olvidaré, Vicenzo...—arrastró las palabras—. La mansión de tu madre es una verdadera locura, es decir, se nota que ustedes pertenecen a una familia de muy alta categoría.
—Mis padres han trabajado durante toda su vida en exceso, y cuando ellos se divorciaron, dividieron los bienes en partes iguales. Mamá ya no usa el apellido Coppola desde hace doce años, el tiempo exacto que lleva separada de papá.
—Debe ser difícil que tus padres opten por divorciarse ya que las cosas no vayan por un buen rumbo...—me agradaba que ella fuese una mujer con la que pudiera conversar de cualquier tema sin inconvenientes.
—El divorcio fue pacífico. Fue simple porque ellos se dieron cuenta que no deseaban estar juntos y decidieron divorciarse de inmediato, tal vez el mundo sería más fácil siempre que las personas actuaran de tal manera —le contesté.
—Al menos, los dos sabemos que este divorcio no va a ser tan malo después de todo debido a que nunca existió amor alguno... A pesar de todo, me encantaría encontrar a alguien que pueda hacerme feliz porque nos amamos mutuamente. Siempre he pensado en lo lindo que debe ser enamorarse de todas las virtudes y defectos de alguien más, el que esa persona te pueda entender sin palabras y que cuando se miren a los ojos, todo lo que está a su alrededor desaparezca. Me gustaría amar a alguien, nunca he amado ni he sentido el verdadero significado del amor —contó, bajando la mirada con pena. Acto que me generó mucha lástima. Ellie tiene muchas heridas que necesitan cicatrizar y pienso asegurarme de ello.
—¿Nunca has sentido que te pierdes en una persona al verla o en la forma en que sus corazones laten en sincronía? ¿Alguna vez te han dado el amor que mereces? —inquirí, cuidando mis palabras.
—Me enamoré de un hombre hace un par de años atrás, su nombre era James y lo conocí en la universidad cuando tenía veintiuno. Nos gustamos y nos convertimos en una pareja al poco tiempo, me trataba bien y salíamos mucho. Compartimos varios gustos, sin embargo, jamás sentí que cuando lo miraba, el mundo se detenía. Mi corazón no revoloteaba y mucho menos mis ojos brillaban al verlo, por lo que terminamos al poco tiempo y asimilé que nunca lo amé. Tampoco él me amaba, así que fue una ruptura fácil de sobrellevar...No conozco el sentimiento de un corazón roto, así que nunca he estado realmente enamorada —suspiró—. No he estado con otro, entonces digamos que mi vida amorosa es más corta que mi experiencia sexual...
—¿Acaso tuviste relaciones con él? —necesitaba saberlo, puesto que me parecía bastante triste que se haya entregado a un hombre al que no amaba en lo absoluto, a pesar que no todos consideran esa clase de cosas.
—Sí, supongo que el calor del momento...—se rió—. Nunca he creído en esas estupideces de la virginidad por lo que no puedo decir que me arrepienta de hacerlo. El sexo es algo que va a suceder en algún punto de tu vida adulta así que le resté importancia.
—Bien por ti...En mi caso, he salido con varias mujeres y ninguna ha llenado mis expectativas. Ellas me decían que no les agradaba que yo fuera un hombre romántico o se cansaban de mí al poco tiempo de hacernos conocido. A este punto, me he resignado a creer que estoy mejor solo que mal acompañado.
—Tú y yo sentiremos ese amor bonito con alguien que nos valore en algún momento, ya lo verás —murmuró en mi oído—. Dejemos de sufrir por aquello que no vale la pena y prestemos atención a lo que realmente lo merece. No nos lastimemos y seamos sinceros con el otro, esa va a ser la única regla que exista entre nosotros... ¿Estás de acuerdo Vicenzo?
—Está bien, Ellie...—entrelacé nuestras manos—. Es hora de que entremos, no queremos perder el tiempo aquí.
—No hemos perdido el tiempo, hemos descubierto algo más sobre el otro lo que crea una cercanía todavía más grande entre tú y yo —me sonrió—. Estoy lista para entrar y conocer a tu madre, pero sé que esta valentía no durará para siempre así que más vale que nos apresuremos.
Reímos al unísono. Me gusta su compañía, mucho más de lo que imaginé.
—Te lo he dicho varias veces, no obstante, lo diré de nuevo; nunca dejes de ser tú misma —recalqué y asintió.
—Lo prometo. Nunca dejaré de ser yo misma, pase lo que pase.
Y nunca dejarás de gustarme, pase lo que pase.
Con el pulso acelerado, la llevé hasta la puerta principal, donde toqué el timbre una sola vez y nos dispusimos a esperar. No tardó mucho hasta que mi madre abrió la puerta con una gratificante sonrisa en el rostro.
—¡Vicenzo! ¡Ellie! —gritó con euforia, observé a mi mujer de reojo y esta sólo sonrió—. Buenas noches, es un placer conocerte mujer bonita. Mi nombre es Vitoria Ferrara, la madre de Vicenzo.
—Ellie Stewart, un placer conocerla señora Vitoria —le extendió la mano como saludo.
—Eres más bonita de lo que pensaba, toda una dulzura...—se encargó de elogiar a Ellie, quien se convirtió en un tomate viviente en un dos por tres—. Vicenzo, mi niño, tu padre y hermana están aquí, he creído que era una buena idea que todos conozcamos a tu prometida de una vez por todas.
Mi casi esposa sonrió con nerviosismo puesto que esto no estaba en nuestros planes.
—Espero que esto no te moleste, mi niña...—mi madre se disculpó.
—Será un gusto conocer a la familia de Vicenzo, no se preocupe por mí —dijo, mucho más cómoda de lo que pensaba. De acuerdo, todo está empezando a tomar el rumbo que deseo.
—¿El imbécil del novio de Alessandra también ha venido a jodernos la cena? —apreté la mandíbula. No soportaba a ese tipo.
—Vicenzo, por favor, compórtate. No comprendo la razón por la que odias tanto a Pietro, durante el tiempo que ha estado con tu hermana ha demostrado ser un hombre amoroso y comprometido —me regañó.
Querida madre, esos son los peores. Aquellos hombres que fingen ser perfectos y tratan de no equivocarse, pues así acabarían con su perfección.
—Pietro Messina es un catador de dinero, recuerda mis palabras cuando este deje a tu amada hija sin un solo centavo en el bolsillo —me molesté, arrastrando conmigo a mi mujer con la mayor delicadeza posible.
—La peor es mi hermana, aunque no voy a dejarte sola con ella por ninguna razón...Puedes estar tranquila, tesoro —mordí el lóbulo de su oreja con burla.
—Te pido que no me molestes aquí...—me dio un mínimo golpe en la costilla—. Cuida tus palabras, no sería bueno que termináramos discutiendo en la primera reunión con los miembros de tu familia. Compórtate.
Rápidamente mi madre nos alcanzó, y nos acompañó hasta la sala de la casa. Mi hermana estaba allí abrazando a su estúpido novio y mi padre leía un libro, tal como lo hace siempre.
—Buenas noches a todos —me aclaré la garganta y todos voltearon hacia nosotros. Ellie mantuvo la postura, luciendo como una mujer atractiva e imponente, ella está siguiendo al pie de la letra cada uno de mis consejos. Se está convirtiendo en la mujer que deseo que sea.
—Buenas noches, soy Ellie Stewart, la prometida de Vicenzo —se presentó ante los demás y todos se pusieron de pie.
—Debes ser un ángel porque eres la primera novia de Vicenzo a la que conocemos —mi padre sonrió—. Es un placer conocerte Ellie, cualquier cosa que necesites, puedes contar con nosotros. Soy Fabrizio Coppola.
—Gracias, un placer conocerla señor Coppola —ella besó su mejilla y entonces, mi hermana se acercó a nosotros.
—Alessandra Coppola —mi hermana sonrió y de forma imponente se acercó. Tal vez es por ello que no la soporto en lo absoluto —. Y él es Pietro, mi novio.
—Un gusto —Ellie respondió.
—Sentémonos en el comedor en unos minutos porque están a punto de servir la cena —Vitoria comunicó y todos asentimos con un leve movimiento de cabeza—. Hemos preparado pizza casera para que nuestra querida Ellie tenga la oportunidad de probar una verdadera pizza italiana.
—Honestamente, apenas he llegado a Italia por lo que no he podido conocer muchos lugares —se excusó—. Terminé mis estudios como economista hace poco, así que apenas me he mudado.
—Podremos llevarte a muchos lugares de ser así, también estaba pensando que Alessandra y yo podemos ayudar con los preparativos de la boda en lo que más se pueda.
—Madre, sabes que la familia de Ellie va a querer ayudarla en todo lo que se pueda por lo que no podemos intervenir mucho por más que estemos dispuestas —Alessandra sonrió con amargura. Hermana de mi alma, siempre me sacas de mis casillas.
—No tengo una relación muy buena con mi familia debido a que nunca me han apoyado. Sin embargo, no quiero arruinar la noche hablando al respecto, creo que es algo de lo que ya tendremos la oportunidad de hablar en otra ocasión —murmuró sin incomodidad, creo que estás haciendo un buen trabajo, gatita.
—Concuerdo con ella —mi padre sonrió—. Tendremos tiempo para hablar de ello en otra ocasión.
—¿En dónde naciste querida? —interrogó mi madre. Parece que ella es la más interesada en conocer con mayor profundidad a Ellie.
—Soy inglesa, señora. Nací en Londres y actualmente tengo veinticinco años, mi cumpleaños es el 2 de abril.
—Oh, tan solo falta un mes para que podamos planear una fiesta para ti, bonita —me sorprendió que Pietro dijera algo debido a que casi nunca hablaba—. Admito que tienes muy buen gusto, Vicenzo, porque has elegido a una mujer hermosa.
—Ellie es hermosa físicamente, aunque también es preciosa por dentro. Es un ser lleno de amabilidad, a ella le gusta ayudar a las personas y es una compañera leal. Es una mujer muy interesante, así que la amo por lo que es y por lo que lleva en el corazón.
Ella me sonrió con dulzura.
Deberían pagarnos por ser tan buenos actores.
—No imaginas lo alegre que me siento de saber que has encontrado a la mujer para ti, con la que te sientes cómodo y estás decidido a compartir tu vida con ella por todo lo que te ha hecho sentir —mi madre estaba encantada con lo que estaba sucediendo, era más que evidente.
—Será mejor que nos apresuremos para que la comida no se enfríe —Alessandra rodó los ojos y se retiró del lugar, seguida de su novio y nuestro padre.
—No presten atención a las actitudes estúpidas de mi hija. Te pido disculpas, Ellie —mamá se disculpó por la misma persona de siempre y desapareció de nuestra vista, dejándonos a solas.
Mi prometida se relajó, y bueno, qué otra manera de ponerla caliente que coquetearle descaradamente.
—Ellie, tesoro, acércate un momento —le sonreí mientras ella, desconcertada, sonreía para acercarse a mí. La arrastré hasta un rincón de la sala y entonces, cuando nos encontramos completamente solos...
—¿Qué sucede cariño? —Interrogó. En realidad, ella estaba desempeñando su papel como esposa a la perfección así que se merece un regalo por ello.
Con el corazón acelerado, le susurré:
—Mi precioso tesoro, muero por hacerte el amor.
—Oh, mi cielo, también lo deseo.
