38. Reencuentro

Al entrar a la casa, Mike me agarró del brazo abruptamente, casi lanzándome al sofá.

—¿Dónde has estado? —murmuró enojado.

—En casa de Sasha —expliqué débilmente, desconcertada por su ira.

—¿Y ni siquiera te molestaste en contestar el teléfono? —preguntó, levantando una ceja.

—Estaba ocupada.

M...

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