44. La ira secreta

Abrí los ojos ante el ruido insistente, me levanté de la cama y tomé la bata del armario antes de salir a buscar la fuente del alboroto.

Los gruñidos fuertes y llenos de furia se hicieron cada vez más claros a medida que me acercaba a una habitación, que creía ser una oficina... o eso decía Sara.

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