47. Ser capaz de protegerla

—Lo sé, puedo imaginar perfectamente lo que dijo que iba a hacer sin que tengas que revivirlo. Sé que es difícil, pero tienes que levantarte y empacar, suficiente para al menos dos semanas, no podemos quedarnos aquí, Margaret.

—Hay sangre —susurró ella—. En mí, en mi cara. No quiero la sangre, nece...

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