95. Secuestrado

Margaret

Me quedé helada, sin saber qué decir, mis piernas temblaban ligeramente al notar la mirada inquisitiva de ese hijo de puta enfermo, mirándome con un destello de diversión en sus horribles ojos.

No me dejé intimidar, apreté los puños y me relajé un poco, poniendo una sonrisa que espera...

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