98. Pesadilla

—Vamos, mi amor —dijo con un tono seductor que me hizo fruncir el ceño de disgusto—. No me digas que no sientes nada. Todo es para ti —pasó sus manos por su torso.

Sentí que el estómago se me revolvía.

Se sentó en la cama y puso una mano en mi pierna. Me aparté bruscamente y la quité.

—Juro por D...

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