Celibato

—Lo siento —suplicó él, arrodillado frente a ella.

Ella giró su cuerpo y continuó tecleando nada en su pantalla.

—Lo siento —dijo él de nuevo, siguiendo sus ojos de rodillas.

—No —dijo ella y volvió a girar su cuerpo.

—Lo siento —repitió él.

—No me importa y déjame hacer tu maldito trabajo, aun...

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