¡Adiós!

—¡Maldita sea!— gimió y se echó agua en la cara.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!— gritó mientras buscaba desesperadamente toallas de papel o cualquier cosa que pudiera salvar su rostro.

Nunca debes echarte agua en la cara cuando tienes maquillaje y rímel. Con algo de suerte salvó su cara, pero su día ...

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