CAPÍTULO OCHENTA Y UNO

La densa quietud en el aire se sentía sofocante cuando mi puño golpeó la mandíbula de Mark, haciéndolo tambalearse hacia atrás. Noté a los guardias moviéndose incómodos detrás de mí, conscientes de la tensión que chispeaba entre nosotros—los fuertes lazos de hermandad mezclados con el amargo sabor d...

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