Capítulo 8

Siguiendo la mirada desesperada y atormentada de Damian, bajé la vista, confundida.

A la luz de la luna vi mi propio brazo derecho: flácido, colgando inútil, retorcido y deformado. Y luego, ese violín cubierto de marcas de pegamento, roto sin posibilidad de arreglo.

En ese instante, la densa niebl...

Inicia sesión y continúa leyendo