Capítulo 3 Prologo

Atenea

Dos años atrás

Estoy tan feliz, tengo a los mejores padres del mundo, nunca imaginé que fueran a hacer una fiesta tan grande como esta, ni a invitar a todos mis amigos, creí que la celebración la haríamos entre nosotros mismos y que compartiríamos como familia, aunque la verdad es que mi hermano muy poco está con nosotros, siempre anda en sus cosas y me entristece que no entienda cuánto daño le hace a nuestros padres, sobre todo a mamá, que sufre al verlo en los estados que suele llegar, dice que solo llega ebrio, pero varias veces lo he visto aspirar un polvo blanco por la nariz y luego fumar unos cigarrillos que huelen diferente a los que normalmente fuman las personas. Ella reza para que él regrese al camino correcto, pero muy en el fondo estoy segura de que mi hermano necesita mucho más que solo oraciones y fe.

Sé perfectamente que es lo que hace, pero prefiero no decir nada sobre su problema de drogas para evitar que mis padres sufran todavía más por su culpa. Si tan solo fuera más consciente y tomara en consideración el amor que sienten ellos por él, es mi hermano mayor y quien algún día va a heredar todo, claro que también tendré mi parte, pero la mayor parte se la llevará él y me daría mucho dolor ver que destruya todo el esfuerzo que mi padre ha hecho por su inmadurez.

—¿En qué tanto piensas, hija? ¿No te gusta tu fiesta? —pregunta mi papá sacándome de mis pensamientos, giro hacia él, le sonrío y lo abrazo con fuerza internándome en su pecho fuerte y cálido.

—Me encanta, papá, es solo que no lo esperaba —confieso llena de emoción y olvidándome por completo del descarriado de mi hermano.

—Entonces no le negarás un baile a tu viejo padre, aunque la verdad no sé cómo bailar nada de esa música que escuchan los jóvenes ahora. —Como voy a negarle nada al hombre de mi vida, adoro a mi papá, siempre me ha tratado como a su tesoro más preciado.

Soy su princesa y la verdad me encanta serlo.

—Con permiso. —Mi cuerpo se estremece involuntariamente al escuchar la voz gruesa y masculina a mi espalda—. Me permiten felicitar a la cumpleañera. —La sangre se me congela dentro de las venas al tiempo que los vellos de mi cuerpo se erizan.

Trago saliva.

Me acomodo a un lado de mi padre. Levanto la vista hacia el hombre frente a mí y tengo que pasar saliva de nuevo para evitar que un gemido se escape de mi boca. Es un hombre que trasmite tanto con su sola presencia, tanto que me es imposible no sentir como me hormiguea la piel. Es perfecto en todos los sentidos, su mirada, su aura, su atractivo. Me humedezco los labios con la lengua, sintiendo una extraña sensación recorrerme la columna vertebral.

—Dominic Black —pronuncia mi padre en tono despectivo—, no recuerdo haberte invitado a la celebración de mi hija, de hecho no recuerdo haber invitado a nadie que no fuera su amigo. —La postura relajada de mi padre cambia drásticamente provocando que me sienta nerviosa y predispuesta de ante mano, los ojos del desconocido se clavan en mis labios por un segundo en el que siento como mi vientre reverbera.

¿Qué es esto?

—Eso es por qué lo he invitado yo, papá, me pareció justo tener a alguien con quien conversar en medio de esta celebración en la que un montón de mocosos se divierten como simios sin control —replica mi hermano acercándose a nosotros y comprendo enseguida que esto es solo un plan para acabar con la paz y la tranquilidad.

No entiendo por qué Alberto tiene que actuar de esta manera.

—Te recuerdo que la fiesta es de tu hermana y son sus invitados, no los tuyos los que deben de estar en este momento compartiendo con ella —dice mi papá, aunque los dos sabemos que no vale la pena gasta saliva en mi hermano.

—Ya escuchó a mi padre caballero —intervengo antes de que Alberto abra la boca—, le agradezco que tenga la amabilidad de retirarse y puede llevarse a mi hermano con usted, así se evitan los dos estar en medio de un montón de simios sin control, aunque si soy sincera, el control deberían de ponérselo a otro —agrego mirando al intruso fijamente y cambiando la mirada hacia mi hermano al articular la última frase.

No entiendo el cambio de mi padre, pero si eso significa marcar distancia con Dominic Black, entonces no me importa hacerlo por complacer al hombre que me ha dado todo en la vida. No obstante, me es difícil ocultar el ligero temblor en mis manos e ignorar que mis piernas parecen de gelatina. El señor Black es sin duda un hombre que hipnotiza con su mirada.

—Lamento haber incomodado —fórmula con los ojos puestos en mí, como si me invitara a seguirlo al infierno. Me sonríe de un modo que me hace apretar las piernas y se retira luego de lanzarle una mirada de odio a mi hermano, quien como si fuera su lacayo, baja la cabeza y camina detrás de él.

Un extraño sin sabor se instala en mi paladar, es como si este encuentro fuera una premonición maligna del futuro. El temor instintivo o quizás la hostilidad que demostró mi padre delante de él es lo que me hace reaccionar de esta manera, sea como sea, la verdad es que espero nunca tener que volver a cruzar ni una sola palabra con él, es demasiado… atractivo.

Desearía que las cosas fueran diferentes, de ese modo no tendría que pensar en la lealtad hacia mi padre.

—Atenea. —Reacciono al oír mi nombre—. Algún día tu madre y yo no estaremos contigo. —Mi papá coloca sus manos en cada de mis hombros y me hace mirarlo a la cara—. Y tendrás que aprender a cuidarte de los tiburones para poder sobrevivir en un mundo como el de hoy en día. —Sus palabras son una advertencia que me hacen perder la chispa de alegría.

Al demonio con mi fiesta de cumpleaños, estúpidos diecisiete. Ahora solo puedo pensar en el demonio, sus intenciones y mi lealtad hacia mi familia, hacia mi padre. Por alguna razón, él detesta a Dominic Black, por lo que yo también debo hacerlo.

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