Capítulo 1 PRÓLOGO
PRÓLOGO
POV DANIEL CROSS
Emma Sinclair es la mujer perfecta.
Alta, morena, con esa curva en la cintura que invita a perder la cabeza y unos ojos que no se dejan intimidar por nadie. Pero no es solo eso. Cualquiera con dos ojos en la cara puede ver que es jodidamente atractiva. Lo que nadie más parece entender es lo demás.
Ella no se doblega. No se ríe de mis chistes si no le parecen graciosos. No se deja llevar por mis juegos ni mis provocaciones. No cae ni siquiera ante mis encantos. Y eso, joder, eso me ha vuelto loco desde el primer día en que la conocí. Incluso mucho antes de que ella supiera quién era yo.
Nunca he conocido a alguien como ella. Y ahora estoy jodidamente enamorado.
Lo sé. Suena ridículo viniendo de mí. Durante años fui yo el que dejaba a las mujeres plantadas, el que se levantaba de la cama sin mirar atrás, el que coleccionaba números que nunca volvía a marcar. Y ahora soy yo el que está aquí, en este restaurante de mierda con las velas consumiéndose, esperando una respuesta que no llega.
Este fin de semana se suponía que era nuestro.
Reservé el lugar entero. Pedí su vino favorito. Incluso… joder, incluso compré un jodido anillo. No un anillo de compromiso, no soy tan idiota. Pero sí uno que significara algo. Algo que dijera “eres diferente, eres mía, déjame demostrártelo”.
Y entonces él llamó.
El mismo imbécil que la abandonó cuando ella se mudó de ciudad por él. El mismo que la dejó hecha mierda. El mismo que me advirtió, con esa sonrisa de mierda, que siempre volvería con él.
Yo no le creí.
Pensé que Emma ya lo había superado. Pensé que lo que había entre nosotros era más fuerte. Pensé que yo de verdad le importaba.
Me equivoqué.
Me equivoqué de todas las formas posibles.
Mientras finjo no ser consciente de las miradas de lástima que me lanza el camarero, no puedo evitar apretar el teléfono con tanta fuerza que los nudillos se me ponen blancos. Emma ni siquiera me ha respondido. Cuando ese imbécil come mierda me escribió para decirme que ella no vendría hoy, no le creí, pero luego de media hora de estarla esperando, la incertidumbre me empezó a quemar por dentro. Y luego de media hora después de haberla intentado contactar, la pantalla de mi teléfono celular sigue en negro. Ni un mensaje. Ni una llamada.
Está vez, no puedo evitar soltar una risa baja, una cargada de amargura.
Durante años yo fui el que las mujeres catalogaban como rompecorazones, el que no pensaba dos veces en dejar a una mujer. Ahora me tocó a mí. Y duele de una forma que no sabía que existía. Como si alguien me hubiera abierto el pecho y estuviera apretando exactamente donde más duele.
No sé cuánto tiempo pasa. Pero al final las velas terminan apagándose una tras otra quedando solo la oscuridad sobre la mesa vacía.
Ya no quiero estar aquí.
Este lugar se siente como una burla. Como un recordatorio de lo patético que soy.
De lo jodidamente imbécil que soy.
Sintiendo como el aire es cada vez más escaso, salgo del lugar.
Detrás de mi escucho que el camarero dice algo, pero lo ignoro. El aire de la noche me golpea la cara, pero no me despeja. No hace nada por aliviar la opresión que siento en mi pecho.
Para cuando por fin estoy dentro de mi coche, me suelta la jodida corbata que me aprieta demasiado el cuello y suelto los primeros botones de mi camisa. Durante un buen rato solo conduzco, sin ningún destino en mente. Incluso lo hago más rápido de lo que debería, pero no me importa.
Solo necesito despejar mi mente.
Necesito que ella me diga que está bien.
Necesito que me diga que va a volver.
Necesito que me diga que él no importa.
Entonces la pantalla del coche se ilumina.
Es ella.
Emma.
Sin pensarlo dos veces me orillo en la carretera.
Emma Sinclair: Estoy bien.
Leo las palabras sin entender realmente. Horas esperando una respuesta. Horas esperando para que me diga que todo está bien, que las cosas entre nosotros no van a cambiar. ¿Y solo eso? ¿Solo dos palabras impersonales que no significan realmente una mierda? Palrbas frías. Distantes. Como si no acabara de destrozarme el puto corazón.
Siento como mi mandíbula se tensa.
Daniel Cross: ¿Cuándo regresas? —pregunto rápidamente.
Daniel Cross: Te extraño.
Apenas envío el mensaje, maldigo en voz alta. Sueno como un arrastrado. Como uno de esos tipos desesperados que yo siempre desprecié. Pero con ella no puedo evitarlo. Emma es la única mujer que me ha hecho querer ser mejor. La única que me ha hecho sonreír de verdad. La única por la que estaría dispuesto a arrodillarme si fuese necesario.
La única que realmente me ha visto a mí, al verdadero Daniel Cross y no al jodido hombre con una billetera inflada o una cara bonita.
Los tres puntos aparecen en la pantalla.
Mi corazón se acelera como el de un jodido adolescente.
Desaparecen.
Vuelven a aparecer.
Se esfuman otra vez.
No sé cuánto tiempo pasa, para mí parece una eternidad. No sé qué mierda pueda estar pasando por la cabeza de Emma y eso es malo. Demasiado malo. Porque con ella nunca se si estoy haciendo las cosas bien o mal. Y eso es lo que me gusta de ella. Que no es fácil. No es como las otras. No es predecible. Pero en este momento... Es jodidamente frustrante.
Mientras espero a que ella me dé una respuesta, me paso una mano por el cabello, desordenándolo aún más. El pecho me arde. Odio esta versión de mí. Odio lo vulnerable que me ha vuelto. Odio que ella tenga tanto poder sobre mí.
Y entonces llega el mensaje.
Emma Sinclair: Creo que debemos tomarnos un tiempo.
Mi mundo se detiene.
No entiendo.
¿Un tiempo?
Se fue detrás de ese jodido imbécil que la dejo a su suerte en una jodida ciudad nueva, ¿Y me pide un tiempo a mí?
No sé qué responder.
Estoy pasando mis dedos sobre el teclado de mi teléfono cuando una luz blanca aparece de la nada. Cegadora.
El impacto llega antes de que pueda reaccionar.
El sonido del metal retorciéndose. El parabrisas explotando contra mi cara. El tirón del cinturón de seguridad. El dolor afilado que atraviesa todo mi cuerpo.
Y después…
Nada.
Solo oscuridad.
