Capítulo 2 Un nuevo comienzo

POV Emma

Con cada paso que doy, los nervios en mi interior no hacen otra cosa más que aumentar.

—Puedes hacerlo, Emma. No es tan difícil —me animo en voz baja mientras camino a lo que será mi nuevo empleo.

Justo cuando estoy por atravesar la puerta del gran edificio, mi teléfono, que está dentro de mi cartera, vibra, así que lo saco con dedos un poco torpes.

Es un mensaje de Jasón.

Mi novio.

Jasón: Avísame cuando llegues.

Leo el mensaje en solo dos segundos.

Cinco años juntos y esto es lo único que tiene para decirme el día en que empiezo un nuevo trabajo en una ciudad nueva. Tres palabras. Ni un “te va a ir bien”. Ni un “confío en ti”. Ni siquiera un corazón al final, de esos que a veces se mandan por inercia.

Debería de sentirme molesta. Debería de sentir al menos una punzada de decepción. Pero no. Jasón siempre ha sido así. Práctico. Directo. Sin adornos. Y esa son solo algunas de las cosas que al principio me parecieron maduras de su parte… y que ahora simplemente acepto. Porque se que él es así. Y me gusta.

Me gusta como es mi novio. Sin sonrisas falsas ni cosas con dobles sentidos que hay que pensar para interpretar.

Con una sonrisa en mi rostro, tecleo una respuesta rápida.

Emma: Acabo de llegar. Que tengas un buen día.

Guardo el teléfono sin esperar una respuesta. Dudo mucho siquiera de recibir una. Pero no importa. Ya estoy acostumbrada. Hoy no es día para analizar la frialdad de mi relación. Hoy empieza una nueva etapa en mi vida y no pienso echarla a perder antes siquiera de cruzar la puerta del edificio.

Cuando Jasón aceptó un nuevo empleo en esta ciudad, no lo dudé. Dejé mi trabajo, mi departamento, mis rutinas, incluso a las pocas amistades que todavía mantenía y lo seguí a esta nueva aventura.

Dejé todo por él.

Porque estar juntos es lo que importa.

Porque así funcionábamos. Él da el paso y yo lo acompaño.

Por suerte, Sophie, una antigua amiga de la adolescencia, se enteró que me estaba mudando a esta ciudad y en cuestión de días me consiguió un puesto en la empresa de su nuevo esposo. Ni siquiera tuve que pasar por un proceso de selección. Solo envié la documentación que me pidió y me contrataron. Así de simple.

Y por eso estoy aquí.

Frente al edificio más imponente que he visto en mucho tiempo.

Al entrar, lo primero que noto es el mármol brillante del suelo, los techos altos y la gente caminando con esa prisa elegante de quienes saben exactamente a dónde van. Todos parecen pertenecer a este lugar. Yo, en cambio, siento que todavía no estoy prestada, aun así, enderezo los hombros y camino hacia la recepción con toda la confianza que logro fingir.

El eco de mis tacones sobre el mármol me hace demasiado consciente de cada paso que doy.

—Buenos días —saludo cuando llego al mostrador—. Vengo por el puesto de secretaria del señor Ethan Cole.

La recepcionista, una rubia impecable con una gran sonrisa profesional, me observa un segundo antes de asentir.

—Claro. La estámos esperando. Piso 15.

La estámos esperando.

La frase me provoca una extraña mezcla de alivio y presión.

Ella me entrega un carnet provisional y me da indicaciones rápidas. Minutos después estoy dentro del ascensor, rodeada de desconocidos que suben y bajan en cada piso. El trayecto se me hace eterno. Y para cuando por fin las puertas se abren en el piso quince, mi corazón late con fuerza.

El espacio que me recibe es amplio, luminoso, con ventanales enormes que muestran la ciudad como si fuera un escenario privado. Hay pocas puertas. Todo se siente caro. Importante.

—Emma.

La voz masculina me hace girar de inmediato.

Ethan Cole está apoyado contra un escritorio, esperándome. Lo reconozco al instante. Lo conocí brevemente en su boda con Sophie, aunque aquella vez apenas intercambiamos un saludo educado.

Me acerco con paso firme, aunque por dentro siento que el estómago se me ha hecho un nudo.

—Bienvenida —dice él, extendiendo la mano—. Sophie me habló mucho de ti.

Su tono es profesional, casi frío, pero hay algo en su expresión que no resulta hostil. Eso me ayuda a mantener la calma.

—Gracias por la oportunidad —respondo, con una sonrisa espero y sea profesional.

—No tienes que agradecer. Esta será tu área —señala el escritorio justo detrás de él—. Vas a trabajar directamente conmigo, así que prepárate para el caos.

Sonrío, está vez un poco más relajada.

—Estoy lista —miento.

—Eso me gusta. Confianza.

Durante la siguiente media hora, Ethan me explica el funcionamiento de la oficina, mis responsabilidades y la dinámica general del piso. Estoy tomando notas en una libreta pequeña cuando una voz masculina interrumpe desde atrás.

—Ethan.

Algo en ese tono hace que se me erice la piel antes siquiera de girarme pero hago lo posible por disimularlo lo mejor que puedo.

Mi jefe levanta la vista.

—Justo a tiempo. Quiero que conozcas a alguien.

Y entonces lo veo.

Alto.

Traje oscuro perfectamente cortado que parece hecho a medida.

Hombros anchos.

Postura relajada pero segura.

Cabello oscuro peinado hacia atrás con esa despreocupación calculada que solo logran algunos hombres.

Y una presencia que llena el espacio sin esfuerzo.

Es, sin ninguna duda, uno de los hombres más atractivos que he visto en mi vida.

El pensamiento me cruza la mente con total claridad… y lo dejo pasar con la misma velocidad.

—Daniel —dice Ethan, mi jefe—. Ella es Emma, mi nueva secretaria. Emma, él es Daniel Cross, mi socio.

Daniel Cross, el hombre demasiado atractivo para su propio bien, me mira fijamente. Sus ojos, de un color difícil de definir bajo la luz artificial de la oficina, me recorren con calma. Luego sonríe.

No es una sonrisa amable.

Es algo más lento. Más consciente.

—Emma —repite mi nombre, como si estuviera probando el sabor de la palabra.

Su voz es grave, controlada. Peligrosa en la forma en que no necesita alzar el tono para hacerse notar y que fácilmente podría humedecer unas cuantas bragas.

—Un placer —respondo, sosteniéndole la mirada con deliberada indiferencia.

Él inclina la cabeza, todavía sonriendo, como si estuviese divertido.

—Definitivamente… lo será.

A mi lado, mi jefe, carraspea con discreción, así que yo aprovecho el momento para romper el contacto visual y centrarme de nuevo en mi jefe, como si el intercambio no hubiera tenido ningún peso en mí.

Porque realmente no lo tuvo.

Hay algo en la forma en que Daniel Cross me mira. Como si ya estuviera evaluando, midiendo, decidiendo. Y aunque una parte de mí reconoce objetivamente lo atractivo que es, otra parte, la más práctica, la más cansada, se niega a reaccionar. Porque eso es lo que hombres como él quieren. Que mujeres babean a sus pies. Y yo no pienso hacer eso.

He seguido a un hombre hasta otra ciudad.

He dejado atrás mi vida por alguien que ni siquiera es capaz de escribirme un “te deseo suerte”.

Así que no pienso distraerme con sonrisas peligrosas ni miradas prolongadas de hombres que claramente tienen una gran etiqueta de peligro pegadas en la frente.

—Daniel es mi socio —continúa Ethan, como si nada—. Cuando yo no esté, todo deberá informarse a él. Su oficina es esa de ahí.

Mi jefe señala la puerta justo enfrente de la de él. Desde mi escritorio tendré una vista directa cada vez que él abra o cierre esa puerta.

Genial.

—Sophie me dijo que eres nueva en la ciudad —añade Ethan.

—Sí— asiento ligeramente—. Llevo apenas una semana.

Mientras hablo, no lo miro directamente ya que está detrás de mí, pero siento su atención como una presión pesada entre los omóplatos.

Cuando Jasón aceptó el empleo aquí, existía la posibilidad real de que yo me quedara atrás. De que continuara mi vida sin él. Pero no lo pensé demasiado. Simplemente empaqué y lo seguí. Porque así somos. Porque eso es lo correcto.

—Entonces… bienvenida —dice Ethan sacándome de mis pensamientos.

Asiento. Agradezco. Tomo mi libreta con ambas manos y sigo escuchando a mí jefe. Mientras Ethan sigue hablando de horarios y protocolos, no puedo evitar notar, de reojo, que Daniel Cross todavía no se ha movido.

Sigue ahí.

Observando.

Sonriendo en todo momento.

Como si acabara de encontrar algo interesante.

Y yo, deliberadamente, finjo que no lo he notado.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo