Capítulo 4 Una cena... ¿con sorpresa?
POV Emma
El restaurante es perfecto.
Luces tenues que bañan las mesas en un tono dorado. Música suave de piano flotando entre las conversaciones. El tintineo discreto de las copas y el murmullo elegante de la gente a nuestro alrededor. Todo está cuidadosamente pensado para que la noche se sienta especial.
Es espectacular.
No puedo evitar sonreír mientras observo a Jasón quien está frente a mí.
Cinco años.
Cinco años juntos.
Y hoy todo parece estar en su lugar.
Tuve que esperar una semana entera para poder celebrar nuestro aniversario, pero ha valido la pena. Jasón de verdad ha pensado en todo. Me trajo a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Ni siquiera sé cómo consiguió la reserva. Tal vez por eso pospuso la cena original. Sí. Tiene que ser eso.
Jasón se ve… diferente esta noche. Un poco tenso.
Desde que llegamos no he podido dejar de notar que cada pocos minutos se ajusta las gafas. Eso es un gesto nervioso que le conozco demasiado bien.
El cabello rubio, siempre prolijo, cae un poco sobre la frente. Está delgado, como siempre, con esa complexión menuda que hace que la gente lo subestime a primera vista, pero muy bien vestido. Se ve bien hoy.
Jasón no es el tipo de hombre que llena una habitación solo con su presencia. Es sencillo. Del tipo que pasa desapercibido. Pero a mí siempre me ha parecido guapo de esa forma tranquila, discreta. El tipo de belleza que no grita ni es estruendosa, pero si de la que se nota cuando uno se detiene a mirar de verdad.
—¿Estás bien? —pregunta, mirándome con esos ojos claros detrás de las gafas.
Asiento.
—Claro que sí.
Y lo digo en serio.
Llevo toda la semana estresada por esto, y hoy... Hoy me siento perfecta.
Hay una extraña mezcla de nerviosismo y esperanza revolviéndose en mi pecho. Cada vez que hace una pausa más larga de lo normal, cada vez que el camarero se acerca a rellenar las copas, cada vez que él se mueve en la silla como si estuviera a punto de ponerse de pie… siento que este puede ser el momento.
Hoy.
Tiene que ser hoy.
La cena avanza entre conversaciones ligeras y comida deliciosa. Yo sonrío más de lo necesario. Río en los momentos correctos. Y estoy atenta a todo a mí alrededor.
Con cada minuto que pasa, mi corazón late un poco más rápido. Y cuando por fin llega el postre, siento que el pecho me va a estallar.
Es ahora.
Tiene que ser ahora.
Cuando Jasón se quita las gafas para limpiarlas con la servilleta, siento que el corazón saldrá corriendo de mi pecho.
Es el momento.
Él...
—Emma… —dice en voz baja.
Contengo el aliento.
Me...
—¿Jasón?
—He estado pensando…
Propondrá...
Jasón parece dudar un segundo, así que sonrío, lo aliento a continuar. Se muerde el interior de la mejilla. Yo tomo su mano por encima de la mesa y le sonrío, intentando darle valor. Entonces habla.
—Creo que necesito tomarme un tiempo.
Matrimonio...
Mi mundo se detiene.
—¿Qué?
No entiendo. Las palabras suenan lejanas, distorsionadas.
Se supone que hoy me iba a pedir matrimonio. Que iba a sacar un anillo. Que íbamos a brindar por toda una vida juntos. Por el resto de nuestra vida.
Pero él acaba de decir…
—Necesito espacio —continúa, con esa calma práctica que siempre lo caracteriza mientras se ajusta los lentes sobre el puente de la nariz—. Las cosas no están yendo bien. Pensé que venir aquí era una buena idea, pero no ha sido fácil. Necesito enfocarme, analizar que hacer apartir de ahora… y contigo a mi lado no puedo hacerlo de la manera correcta.
Escucho cada palabra. Las proceso. Pero no terminan de entrar en mi cabeza.
—¿Un tiempo? —repito, confundida—. ¿Estás… terminando conmigo?
Mi voz suena extraña incluso para mis oídos.
—No —niega de inmediato—. No estoy terminando contigo. Yo te amo— afirma rápidamente mientras entrelaza sus dedos con los míos, como si ese gesto pudiera suavizar el golpe de lo que está diciendo—. Pero me gustaría que nos tomáramos un tiempo. Tú… me distraes.
El aire se me queda atascado en la garganta.
—¿Y eso no significa que me estás terminando? —pregunto, sintiendo cómo la confusión se transforma poco a poco en algo más amargo—. ¿Desde cuándo te distraigo? ¿Después de cinco años empiezo a ser un estorbo para ti? —pregunto en voz baja, aún aturdida por todo lo que está pasando.
No sé supone que nada de esto deba de estar sucediendo así.
Jasón aprieta ligeramente mis dedos. No responde de inmediato. Solo me mira con esa expresión serena, casi resignada que tanto lo define y antes nunca me había molestado.
—Emma… voy a mudarme.
Esta frase me golpea más fuerte que la anterior.
—¿Mudarte? —pregunto, como una tonta.
—He conseguido un puesto en otra ciudad. Quiero irme solo. Necesito un tiempo para organizarme —dice sacudiendo su cabeza ligeramente— tú ya tienes tu vida resuelta aquí. No podemos seguir interfiriendo en la vida del otro de esta manera tan… irresponsable.
Irresponsable.
La palabra se me clava como una astilla justo entre las costillas.
—¿Y cuándo te vas? —me obligo a preguntarle, sintiendo como mis ojos empiezan a quemar.
—Mañana.
Mañana.
Una sola palabra y siento que el suelo desaparece debajo de mí.
—¿Mañana? —repito, incrédula —¿Y no pensaste en decírmelo antes?
Amte mi pregunta, Jasón sacude ligeramente su cabeza con resignación, como si yo fuese una tonta que no entiende algo tan simple.
—Me costó coordinarlo todo, apenas hoy logré confirmar los últimos detalles— explica lentamente—pero creo que es lo mejor. Por eso quería verte hoy. Para explicártelo antes de irme.
Me quedo mirándolo.
Jasón, el hombre delgado, rubio, de gafas y gestos prácticos. El mismo hombre por el que dejé atrás mi vida anterior. Mi ciudad. Mis rutinas. Mis amistades. Todo.
¿Y ahora me sale con esto?
¿Con que soy una distracción?
¿Con que lo mejor es dejarme aquí mientras él se va a otra ciudad?
—Y exactamente... ¿para quien es lo mejor? —logro preguntar, con la voz temblando—. Yo vine hasta aquí por ti —le recuerdo con voz amarga— dejé todo para empezar de nuevo contigo. ¿Y ahora me dices que te vas… solo?
Por primera vez, Jasón desvía la mirada.
Mientras se ajusta las gafas otra vez, entiendo que no era nerviosismo sino culpa lo que estaba sintiendo desde que llegamos.
—Tú estás bien aquí —murmura sin mirarme realmente—. Justo me acabas de decir lo mucho que te gusta tu trabajo. Pero yo no me adapté. Esta ciudad no es para mí. Necesito reorganizarme y lo mejor es hacerlo sin volver a afectar tu vida.
Aunque lo que él dice es práctico, mi cerebro no lo acepta.
No sé qué responder. Las palabras se me amontonan en la garganta, pero ninguna sale.
Hoy, en la celebración de nuestro quinto aniversario, mientras yo imaginaba un anillo y un futuro juntos, él solo esta pensando en cómo dejarme atrás de la forma más limpia posible.
No pudiendo estar mae cerca de él, retiro mis manos con cuidado.
Él parece sorprendido por el gesto, pero no insiste.
—No quiero lastimarte —dice con el ceño fruncido. Y es irónico. Porque es exactamente lo que está haciendo.
Destruyendo cada una de mis ilusiones.
Jasón sigue hablando. Menciona la nueva oportunidad, el tiempo, la necesidad de espacio. Pero yo ya no escucho con claridad. Solo pienso en lo estúpida que fui. En cómo interpreté cada silencio, cada mirada, cada mención de este restaurante como una señal de algo hermoso… cuando en realidad era el preludio de la peor noche de mi vida.
—Está bien —lo interrumpo, poniéndome de pie.
Él alza la vista, sorprendido.
—¿De verdad? —pregunta, y por un segundo se le escapa una sonrisa de alivio—. Sabía que lo entenderías. Tú siempre me comprendes.
Mientras él asiente satisfecho y da un par de palmadas suaves sobre la mesa, como si acabáramos de cerrar un trato razonable, yo solo lo observo desde lo alto.
Yo no respondo.
Simplemente recojo mi bolso y me alejo de la mesa.
Detrás de mí, Jasón dice algo más. Tal vez se despide. Tal vez me desea suerte. No lo se. No me detengo a escucharlo. Tampoco miro atrás. Porque si lo hago, si veo esa expresión de alivio en su rostro una vez más, sé que me voy a romper delante de todos.
No tengo ni idea como logro salir del restaurante, pero cuando llego a la calle, siento como mi corazón late desbocado y los ojos me arden aún más, apunto de dejar salir las lágrimas que me niego a dejar caer delante de él.
Mi novio.
El hombre por el que lo dejé todo.
Hoy, en nuestro quinto aniversario, acaba de dejarme a mí.
